. Volar de noche

18 noviembre 2006

Por qué me fui de Marruecos

Hamid, de Casablanca, grabó este video en un centro de internamiento para inmigrantes de las Islas Canarias:

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Manifestación en Sidi Ifni

Encontré en youtube rastros de la manifestación del 7 de agosto de 2005 en Sidi Ifni. Nunca la vi cuando estaba en Marruecos, pero al encargado de seguridad de Sbouya, el señor Zouine, le ponía muy nervioso imaginar que sí la había visto en directo. Tanto que una noche vino a buscarme a las diez de la noche (que en Sbouya equivale a la madrugada) para confirmarlo. Según pude saber después, la gente de la zona, los Ait Ba Amrane, solo pedía un poco de atención del Gobierno Central, del que se sentía abandonada en carreteras, comunicaciones, salud y educación. A continuación, un ejemplo del tipo de carreteras de la región de Sbouya, perteneciente a Sidi Ifni: Son las de un Amsterdam-Dakar pero como se puede ver por un coche con el que se cruza el piloto, son también las que usan los vecinos de la zona. Según pude saber también, la policía se empleó a fondo con los manifestantes de Ifni.
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18 septiembre 2006

La preocupación del verano

Llegada de un cayuco a la playa de La Tejita este verano. Es una de mis playas preferidas de Tenerife. Hay sol hasta en invierno.

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20 junio 2006

Autoridad policial

Escribí esto durante mi estancia en Marruecos. Entonces no me atreví a publicarlo Entre las 5 y las 6 de la tarde del viernes 2 de septiembre. Regreso a pie del almuerzo en casa de los abuelos de Abderrahman, que tienen dos hijos viviendo en Fuerteventura. Los abuelos viven en una aldea de pocas casas a unos dos kilometros de camino de piedras desde Tlata Sbouya. Cuando llego a Tlata Sbouya, en el terreno donde gira la guagua de Sidi Ifni, frente a la carnicería, o sea, en la plaza central de Tlata Sbouya, veo un coche de la gendarmería marroquí. Es la primera vez que veo gendarmes en el pueblo. Dentro del coche hay tres hombres. Los dos con traje de gendarme, en los asientos delanteros. Detrás, el empleado de la comuna rural de Tlata. Luego me entero de que entre sus ocupaciones figura la del fisgoneo general. El uniformado que se sienta en la puerta más cercana a mí me llama con un "psss" (aquí es uno de los sonidos permitidos para atraer la atención del camarero) y con la mano derecha hace un gesto indicándome que me acerque. Como están al otro lado del cauce seco del arroyo, le devuelvo el gesto con un ademán que quiere decir "cruzo por el puente y doy la vuelta". Me enseña la palma de la mano: "está bien", entiendo. Tienen tres puertas del coche a medio abrir. Cuando llego, salen de él: -- Bon jour, monsieur Francisco. Sentados o tumbados en la acera con sombra de la tetería, puede haber unas veinte personas. Excepto los policías, nadie habla. Me dice algo en francés que no entiendo. -- Renseignements, renseignements (informes, informes)-- repite con cuidado. Seguimos en francés: -- ¿Qué necesita saber? -- La fecha de entrada al país, el lugar, si fue Tánger o por dónde... Le doy los datos. -- El número de su pasaporte. -- No me lo sé y no lo tengo encima. Lo tengo en la casa. -- ¿Vamos a buscarlo? -- Vamos. Toda la conversación ha sido junto al coche. Comienzo a caminar hacia mi casa (está a un minuto de distancia a pie) pero me indican que suba al coche. Sin decirlo, la idea es que me lo piden por mi propia comodidad. En el asiento trasero hay unas chaquetas extendidas. Como somos dos para compartirlo, me siento inclinado hacia delante, frente a la palanca de cambios, para no arrugar las ropas. Hacemos el giro de la guagua de Sidi Ifni y aparcamos frente a mi casa en un trayecto de no más de treinta segundos. Nos da tiempo de charlar. Habla el gendarme que conduce: -- ¿Le gusta Sbouya, Monsieur Francisco? -- Sí, mucho. -- Ah, Sbouya es bueno, es bueno, y usted mucho tiempo aquí, ¿se piensa casar aquí? -- ¡No! Tal vez respondí con demasiado enfásis. -- ¿Qué pasa? ¿No le gustan las mujeres marroquiés? Mujeres marroquíes son buenas... Ahí nos reímos los cuatro. -- No, sí, sí, claro que me gustan, lo que pasa es que no tengo tiempo para casarme aquí, no voy a estar tanto tiempo. Llegamos frente al camino de tierra que lleva a mi casa y me bajo. -- Si me esperan aquí, lo traigo. -- Muy bien. Al paso más normal que puedo, abro la puerta. Cuando ya no me ven, subo corriendo los escalones. Al regreso, el policía copiloto toma los datos de mi pasaporte. -- ¿Qué significa CG? -- Consulado General de España en Buenos Aires. El pasaporte me lo hicieron allí. Yo vivo allí. -- Ahh... Después de copiar los datos me piden el número de mi celular en Marruecos. No lo tengo encima y no lo sé de memoria. Quedo en dárselo al empleado de la comuna rural en cuanto lo recupere. -- Monsieur Francisco, bienvenu- Se despide con una sonrisa el gendarme conductor.
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Para el primer capítulo

La semana pasada me reuní con una escritora argentina para pedirle consejo sobre la redacción de mi investigación. Yo no sabía si emplear la clásica tercera persona del periodismo o una primera persona. Resolví la duda cuando pensé en cosas que me habían ocurrido, como investigador, que podían ayudar a entender las razones de los marroquíes para emigrar. En mis entrevistas, muchos habitantes de Sbouya me dijeron que buscaban posibilidades de progreso en Canarias y muchos se quejaron de la falta de trabajo en su país, del nivel de sueldos, pero casi ninguno me habló del miedo a las autoridades. De eso no se hablaba. Así que he decidido escribirla en primera persona para hablar de eso. El primer capítulo bien podría ser el próximo post, algo que escribí mientras estaba en Marruecos, algo que no me atreví a publicar entonces.
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14 junio 2006

Bibliografía

Hoy dediqué la mañana a orientarme en la maraña de bibliografía para mi trabajo. No lo veo como una investigación periodística tradicional, de esas que descubren lo oculto, sino más bien como la descripción detallada de algo: la vida de un grupo de marroquíes que desean emigrar a las Islas Canarias. En seguida pensé en El nuevo periodismo, de Tom Wolfe, como guía metodológica, y de nuevo en los trabajos de Kapuscinski como modelo. He encontrado referencias en el libro de José María Caminos Marcet y el de Gerardo Reyes
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13 junio 2006

Dubitativo

Hoy he estado mirando cómo se escribe una investigación periodística. Tengo el ejemplo del Ryszard Kapuscinski, del que solo conozco Ébano (una recopilación de reportajes en África) y le he escrito un mail al periodista español Pepe Rodríguez, que tiene un libro dedicado a la investigación periodística. Me gustaría leer más de Kapuscinski pero por otro lado creo que sencillamente tengo que echarme a andar con mi material.
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26 abril 2006

Etapa dos y objetivos tres

Casi siete meses desde el último post, por fin he juntado fuerzas para comenzar a escribir. La idea de hacer público también este proceso de escritura fue sugerencia de mi amigo Andrés Hax y ejemplo de Kevin Kelly. La intención es multiplicar la investigación por tres: + investigación periodística sobre los marroquies que desean emigrar hacia las Islas Canarias + exploración del proceso de publicación on line de una investigación periodística. + investigación sobre la influencia que la publicacion simultanea del proceso de escritura ejerce sobre el producto final: la tesis/libro. Platon, el de la espalda ancha. Esta segunda etapa obliga a algunos cambios pero tal vez el principal sea el empleo de la primera persona con todas sus consecuencias de adjetivación, juicios de valor y relajamiento del estilo.
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09 noviembre 2005

Fin, por ahora

De vuelta en Buenos Aires, toca escribir lo vivido. En este tiempo no espero que haya actualizaciones del weblog, por lo menos hasta febrero.
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16 octubre 2005

Un nuevo horizonte

De la plaza de la iglesia me encaminé hacia la parada de guaguas, con la intención de localizarla y tal vez de comprar un bono para llegarme a El Matorral una vez que tuviera pensión. Quería ir a El Matorral porque allí vive Habib, un sbouyano que conocí este septiembre, mientras él pasaba unos días de vacaciones con su familia en Marruecos. Habib lleva en Canarias desde 1996. No sabía dónde estaba la estación de guaguas de modo que le pregunté a la primera persona que encontré, un chico con aspecto de indígena americano, metro sesenta, ropa limpia y pelo húmedo: - ¿Sabes dónde es la parada de guaguas? - Sí, tienes que agarrar por esa calle... - ¿Y de pensiones baratas sabes algo? - No sé, la verdad. Él también iba a la parada de modo que subimos juntos. - ¿Eres argentino?- me preguntó. - No, de Tenerife, pero vivo hace dos años en Argentina. - Ah, porque tienes el acento. - Sí, un poco, ¿y tú? - Yo soy de Perú. ¿Tú estás de turismo? - No, yo soy periodista, vengo a hacer una investigación sobre los inmigrantes marroquíes. - ¿Sobre los marroquíes solo? - Sí. - Ah, pues entonces donde tienes que ir es a Nuevo Horizonte, allí es donde están todos porque van a trabajar a El Castillo desde allí. - ¿Y puedo encontrar pensión barata allí? - Sí, más barata que aquí, porque allí es lo peor de la isla, están los marroquíes y los africanos.. - ¿Pero es peligroso? - No, peligroso nada... - ¿Y cómo voy hasta allí? - En la línea 3 de la guagua, ahora sale una. Plano de Nuevo Horizonte Así fue cómo me subí en la guagua y le pedí al chófer, con acento gallego, que me avisara cuando llegáramos a Nuevo Horizonte. En la guagua se subieron varios africanos de raza negra, dos marroquíes silenciosos con una bolsa de plástico y una chica de tenerife que iba a Castillo (según me dijo). La guagua ya salía de Puerto del Rosario cuando vimos aparecer a una niña de unos seis años corriendo hacia nosotros y levantando la mano como para que nos parásemos. Nos paramos, el chófer abrió la puerta y la niña subió, y al momento salió de la esquina otro niño más pequeño también corriendo y también se subió, y la niña le dijo al chófer que la madre ya venía, y el chófer le preguntó: - ¿Pero por dónde viene tu madre? - Allí- y señaló a la esquina, donde no se veía a nadie. - Pero es que no podemos esperarla, no se puede... – le decía el chófer con ese tono tan popular para hablar con los niños. Y ya estaba levantándose para bajar a la niña cuando apareció la madre con el carrito vacío, un niño en los brazos y cara de apuro. El chofer se bajó de todos modos, esta vez para abrir la puerta del maletero. En 15 minutos llegamos a Nuevo Horizonte, un grupo de urbanizaciones para el turismo, con sus bares de desayuno inglés, sus "minimarket" y sus boutiques del pan gallegas. En la primera parada de Nuevo Horizonte se bajaron los marroquíes silenciosos con sus bolsas de plástico.En la segunda, se bajó conmigo una mujer peninsular con un tatuaje en la muñeca, pantalones cortos y camisa rosada. Tenía aspecto de cansada y no miraba a nadie a los ojos. Se bajó y caminó decidida hacia la costa. Un hombre de unos 30 años, con algo que podría ser el estuche de una caña de pescar y un gorro circular como el que usaba el cantante de los Stone Roses bajaba también hacia la costa. Me acerqué a él: - ¿Hay pensiones por aquí? - ¡Qué va! Aquí solo hay apartamentos, tienes que preguntar en los apartamentos. - ¿Y sabes si puedo alquilar por unos días? - Aquí es por meses.. - ¿Sabes por dónde viven los marroquíes? - Eso es en Fuerteventura Park. Son esos verdes y blancos. Tienes que subir hacia allí, y girar a la izquierda, y ahí está la recepción.- Tenía acento canario. Le di las gracias y me despedí de él y del aroma a hachis de canuto que venía fumando. Comencé a caminar y pregunté de nuevo a un marroquí: - ¿Usted cree que puedo alquilar por días? Me contestó en perfecto español - Esto es por meses - ¿Y cuánto cuesta el mes? - 360 euros. Seguí andando por dónde me dijo y no veía aún la recepciíon. Un negro de dos metros de altura y flaco como el cuello de una jirafa regresaba a su apartamento después de colgar la ropa en un tendedero. Me indicó dónde estaba la oficina de los apartamentos. La recepción de Fuerteventura Park, en Nuevo Horizonte. Estaba cerrada y, según el cartel, no abriría en todo el domingo. En la oficina de al lado, había un locutorio-ciber. Un hombre que podía ser un canario moreno y que resultó ser un mauritano navegaba en Internet sentado frente al ordenador de la administración. - ¿Cuánto tiempo vienes?- me preguntó. - Una semana. - Es que yo tengo un apartamento, pero no sé si va a querer alquilártelo porque aquí es por meses. Pero podemos llamar a la propietaria. Fuimos a ver el apartamento. Un salón amplio con la cocina en un extremo, un baño cómodo y una habitación. En el salón, había una mesa redonda para comer, una nevera, una lavadora, un sofá cama y un mueble para la televisión. En la habitación, dos camas con colchas de flores, un armario de contrachapado pintado de blanco, un espejo y una mesa de noche a los pies de una de las camas. Tenía hasta bañera. - No sé qué te parece- me dijo- para mí sería bien. - Para mí también. Regresamos entonces al locutorio para llamar por teléfono a la propietaria. En el camino me enteré de que Ahmed, así se llamaba, había conseguido traerse a su familia. - Aquí todo muy caro- me dijo. Llamamos y la propietaria accedió a cambio de 100 euros por la semana que terminaría el próximo domingo. De regreso al apartamento me fijé en que la piscina estaba vallada con un alambrado del que colgaban varios carteles: prohibido bañarse. El color del agua, más bien verdoso, tampoco lo hacía muy atractivo. Frente a la piscina, el bar minimarket de los apartamentos lleno de gente. Unos andaluces me dijeron: - Si te bañas ahí (por la piscina), no sé ni lo que te puede dar. La piscina de Fuerteventura Park. De nuevo en el apartamento, saco las cosas y las dejo sobre el sofa cama. Me doy cuenta de que está lleno de pequeños excrementos, demasiado grandes para venir de un insecto. Supongo que será un ratón, pero no le doy mayor importancia. El apartamento tiene una puerta acristalada que comunica con la piscina central y con un pequeño jardín. Tras la puerta acristalada, una cortina de amianto, igual que con la ventana de la habitación. De los apartamentos del otro lado de la piscina se escucha música. En uno de ellos veo a dos mujeres de aspecto lationamericano sentadas en su pequeño jardín. Son las cinco de la tarde. Ya tengo casa.
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Gente de domingo

Del restaurante Macario me fui, con la mochila, a dar un paseo por Puerto Cabras en busca de otras pensiones para comparar el precio. Eran las 3,45 de la tarde. Por la avenida que enfrenta al puerto me crucé con un coche de la Cruz Roja que repostaba en una gasolinera y con dos guardias civiles que charlaban con alguien que parecía amigo de ellos. Entré en el bar Tinguaro, cerca de Leon y Castillo, para preguntar. Una mulata latinoamericana me informó de la existencia de la pensión Tinguaro, pero estaba en la zona de El Charco, de donde yo venía, así que decidí no regresar. En la esquina de Leon y Castillo, junto a un teléfono público, una mujer canaria, rubia, despeinada: - ¿Me deja cuarenta centavos para llamar por teléfono? - No tengo. - Venga, gracias- me dejó ir. Veinte metros más adelante había un chico de unos treinta años, sin camisa, fuerte, pálido y con acento canario. Escuché que le pedía a una señora que pasaba cerca cincuenta centavos para llamar por teléfono. Vi que la señora no se los daba. No me pidió, no sé si porque había visto cómo se los negaba a la que estaba más abajo. Comencé a subir por Leon y Castillo y escuché al joven dar un grito en mi dirección pero no me di la vuelta. Una anciana que caminaba unos metros más adelante sí lo hizo y se quedó parada viéndole decir algo. Yo también miré entonces y vi que el joven caminaba hacia arriba también. Entré en un hostal. Me atendió un colombiano: - Buenas tardes- me dijo. Una chica, canaria, me informó del precio y de la disponibilidad: 27 euros y había sitio. Les pregunté por la iglesia y me dijeron que estaba dos calles más arriba también por Leon y Castillo. Les pregunté si los chicos de fuera eran peligrosos y me dijeron: - ¿Qué chicos? - Unos que están pidiendo dinero en la esquina. Es que me dio la impresión de que él me está siguiendo. - ¿Quiénes? Deben de ser los que están siempre ahí, no son peligrosos. A pesar de todo, el colombiano salió conmigo del hostal. En la acera de enfrente, mirando hacia la puerta de donde salíamos nosotros, estaba el hombre sin camisa. Le susurré al colombiano, mirando hacia otro lado "es ese que no tiene camisa, hasta luego, gracias" En la plaza de la iglesia había otros dos chicos sin camisa y una mujer joven con latas de cerveza en las manos. A ellos no les oí hablar pero a ella sí: tenía acento canario. No sé qué les decía, pero lo hacía con voz fuerte y ellos la seguían. Parecía enfadada. En un banco, un viejo con la nariz arrugada y aspecto de vivir en la calle me mira.
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Llegada a Puerto Cabras

Puerto del Rosario o Puerto Cabras.
Juan y yo nos bajamos de la guagua del aeropuerto junto a la parada de taxis. Lo he conocido en el aeropuerto de Puerto del Rosario, aunque él dice que me conoce de antes. Él también es de Tenerife. Tenemos amigos en común pero yo sigo sin saber quién es. Subimos al mismo taxi, que no me deja compartir, y eso que tiene que desviarse cincuenta metros de su recorrido para dejarme frente a la pensión Macario. La pensión Macario está cerrada. Atienden a partir de las cinco y "no se atenderá fuera de esa hora". Son las tres de la tarde, así que decido almorzar en el restaurante Macario, bajo la pensión. El menú de paella, calamares en salsa, jugo de pera piña y un café me cuesta 9 euros. No consigo terminar las papas fritas de los calamares. Hay demasiada comida. Solo veo que trabaje una persona, una mujer que entra y sale corriendo de la cocina, prepara cafés, lleva platos, toma pedidos y cobra. Hay cuatro mesas en el salón de fuera y otras tantas en el de dentro. Hoy domingo, hay varias familias de majoreros en el restaurante y un grupo de seis jóvenes que parecen venidos de otra isla como turistas (3 chicos y 3 chicas). Cuentan anécdotas, se ríen, visten camisas de surf, dos de los varones tienen el pelo largo y una de las mujeres, muy corto. Estoy tomando el café cuando le pregunto a la mujer orquesta que no ha parado de trabajar en los 40 minutos que llevo allí: - La pensión no atiende al público hasta las cinco, ¿verdad? - Sí, hasta las cinco. - ¿Yo podría dejar la mochila aquí mientras tanto? - No, no... no tiene nada que ver esto con la pensión. - Sí, sí, pero solo es hasta las cinco, cuando abran. - No, yo es que cierro ya y esto no tiene nada que ver con la pensión... - Ah, bueno.. - Y además, de todos modos no la cogería. - ¿No? - No, de todos modos no la cogería. - ¿Y por qué? - Porque no te conozco, si fueras un cliente que conozco, a lo mejor, pero yo no voy a coger esa responsabilidad ni loca.. Y después de un rato de dudarlo, pregunto. - ¿Qué piensa usted que tengo en la maleta? - No tengo ni idea, pero yo no puedo coger esa responsabilidad. - No me importa, no se lo digo para que la acepte, pero de verdad quiero saber. - Es que yo no te conozco, - No es bueno desconfiar de la gente- le digo. - Tampoco es bueno confiar- me responde. Termino el café y pido la cuenta. Del salón trasero sale una familia de tres personas. Él, un metro setenta y cinco, barriga de orangután. La esposa no dice nada. La niña pide un paquete de chicles. - ¿Al final cogiste el Trufo?- le pregunta la mujer orquesta al cabeza de familia y barriga de orangután. - ¿Eh? - Que si cogiste el Trufo. - Sí, y un vasito de helado apunta también. Les cobra setenta euros.
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Viajes y fase dos

De Sbouya salgo hacia Mesti el 28 de septiembre, entrevisto a un profesor de historia acerca de los últimos siglos de la zona y salgo el mismo día hacia Guelmim, ciudad sitiada por los controles que anticipan la visita del rey, mañana. De Guelmim a El Aaiún esa noche, en guagua. Llego el miércoles 29 por la mañana. De El Aaiún a Agadir la noche del 29, en guagua. Llego a Agadir el 30 por la mañana. De Agadir a Casablanca esa noche, en guagua. Llego a Casablanca el sábado 1 de octubre y decido dejarme de viajes al menos este fin de semana. El lunes 3 salgo hacia Rabat en tren y de Rabat me voy el martes 4 por la noche, a Tánger, también en tren. El miércoles 5, por la mañana llego a Tánger y compro en el primer ferry que encuentro hacia Algeciras. Llego a España a las dos y media de la tarde del 5 de octubre, primer día de un Ramadán del que no escapo ni en España: solo una cafetería de la zona del puerto de Algeciras no ha cerrado. La camarera se sorprende de ver un cliente por fin. Esa misma tarde salgo hacia Madrid, donde consulto la biblioteca del Ministerio de Asuntos Exteriores y donde entrevisto a Manolo Lorenzo, el español que el MPDL (Movimiento por la Paz, el desarme y la liberación) tiene en Alhucemas, a las chicas de la Asociación Ibn Batuta en Madrid y al profesor de la Autónoma y experto en el Magreb, Bernabé López.

Fuerteventura.

Rumbo a Tenerife el martes 11 y de allí a Fuerteventura el domingo 16, para ver cómo es la vida de los marroquíes que lograron llegar al otro lado.

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28 septiembre 2005

Cuando salí de Sbouya

Hoy, 28 de septiembre, salí de Tleta Sbouya. Este era el aspecto del pueblo a las 6:30, hora en la que fui a comprar pan caliente al horno: En la Commune Rurale de Mesti, la primera parada, para hablar con el profesor Omar Ifdne sobre la historia de Sbouya y la de los Ait Ba Amrane. Ait Ba Amrane es el nombre que agrupa a Sbouya con las otras seis tribus de la región que firmaron el acuerdo de protectorado con España en abril de 1934. En Guelmim, la segunda parada antes de El Aaiún, adonde viajo para recoger estadísticas oficiales sobre las pateras. Mañana viene el rey a Guelmim. Banderas de Marruecos en ramillete, policías de gala, militares de verde riguroso y excitación popular. Oigo a un taxista quejarse de los controles. Para entrar en la ciudad, hemos pasado por tres.
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15 septiembre 2005

Hassan Bushyt y sus obreros

Hassan Bushyt Hassan Bushyt tiene 25 años y un negocio durante los tres meses de verano que pasa en Sbouya: la compraventa de tunos. Sus socios son los conductores y dueños de los dos camiones que se emplean en la carga de tunos. Hassan y sus socios ponen el dinero para comprar las cajas de tunos a los campesinos y para pagar a los tres obreros que suben las cajas al camión en jornadas de entre cuatro y ocho horas. Los socios camioneros, además, alquilan el camión a la empresa que tienen en conjunto. Hassan hunde la cabeza en los hombros y se sienta con las piernas cruzadas. Tiene un teléfono móvil de 150 euros y un equipo de música home theater de 50 euros. Mientras lo entrevisto, no deja de jugar con el teléfono y el mando de control remoto del equipo de música. Los coloca y recoloca delante de sus piernas dobladas. Junta las manos en actitud de rezo. La casa donde vive Hassan en verano tiene dos habitaciones y un espacio sucio entre ellas con un camping gas que hace las veces de cocina. Todas las habitaciones tienen frescos de Dido, el artista de Tleta Sbouya. En una de ellas, la acuarela representa a un libro con unas inscripciones en arabe. Debajo, en francés, la frase "la vie". Dido, frente a dos de sus frescos en el cafe AlJazera Los dos conductores entran en la habitación del fondo. Cinco obreros deambulan por la casa. Uno más prepara el tajine de verduras sobre el camping gas. Es la hora del mediodía y ya se terminó el trabajo. Mientras dura la empresa de verano, los seis obreros, los dos conductores y Hassan Bushyt se duchan y comen en esta casa y duermen entre esta casa y las cuchetas de los camiones. El único mueble es la mesa redonda de madera sobre la que se hacen todas las comidas. Las camas son mantas sobre las alfombras. Como son la mayoría de las casas que he conocido aquí. Los obreros Khalid y Mustapha se acercan a la habitación en la que hacemos la entrevista con Hassan. No tienen más de treinta años. Khalid nos mira y mira a la habitación donde van a comer y nos vuelve a mirar y baja la cabeza como diciéndonos que no seamos tontos, que vayamos a comer, que si él fuera nosotros iba de cabeza, y cuando ve que seguimos empeñados en quedarnos porque hemos comido hasta saciarnos en casa de Lahoucine, repite la mirada ahora con la cabeza un poco más inclinada porque ahora quiere decir que si no vamos, se va a sentir ofendido y Lahoucine entiende y me dice que vayamos y que al menos finjamos que comemos algo. Lahoucine, frente a su casa
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14 septiembre 2005

Cuando volví de Europa

Esta mañana regresé de Guelmim en Land Rover. Ayer martes salí de Sbouya hacia Guelmim para poner al día el weblog. No busqué hotel porque pensaba que podría pasear durante las dos horas de diferencia entre el cierre del local de Internet (en teoría, a las 4 de la mañana) y la salida del primer landrover hacia Sbouya (en teoría, a las 6 de la mañana). El local de Internet cerró a la 1:30, el Land Rover salió a las 7 y yo entendí la importancia de dormir bajo techo. Por lo menos, en el viaje del Land Rover coincidí con un marroquí de Sbouya que había sido emigrante en Francia. No me dijo su nombre. Sí me dijo que había pasado 30 años de obrero en las fábricas de Francia y que ahora recibía una pensión por jubilación. Viste la derraá (la túnica que se usa en la zona del Sáhara), es grande, de manos anchas. En el Land Rover viaja también un joven de unos veinte años con muy buen francés. El señor jubilado y yo tratamos de encontrar la razón por la que ahora hay más emigrantes que antes. - ¿Ha empeorado la situación en Marrucos? - Sigue igual que siempre, pero ahora hay una moda. El joven que está sentado frente a él no se puede contener. Interviene: - ¿Y qué cambió? ¿Acaso no viene usted también de Francia? ¿No viajaba antes la gente? El argumento que a juicio del señor jubilado distingue a las dos generaciones es que antes los franceses venían a buscar a la gente para llevársela a Francia a trabajar. Los marroquíes no se iban como ahora, en las pateras, exponiendo su vida, dice. El señor jubilado es grande. Tiene que inclinar la cabeza para no tropezarse con el techo del Land Rover. Mira hacia delante por encima del hombro del conductor y de vez en cuando, a mí. Tiene las manos mansas, apoyadas una sobre la otra. Las separa y las vuelve a juntar, despacio. Lleva una barba ajustada al perímetro del mentón. No hay bigote ni pelos junto a la boca. A pesar de todo, tiene un aire medio europeo. No sé si será el francés impecable. El joven es delgado y nervioso. Quiere contenerse. Al discutir, el señor jubilado posa una mano sobre las rodillas del joven en un gesto cariñoso, como para que el joven entienda que discute pero que no quiere enfadarse. Están muy cerca. La pierna derecha del joven ocupa el hueco entre las piernas del señor jubilado. El espacio del Land Rover no permite demasiadas combinaciones. Me pregunto si el señor jubilado habrá hecho ese gesto alguna vez durante los 30 años que pasó en Francia. - ¿Usted está cansado de Europa? - le pregunto. Mira hacia delante, sonríe, deja salir un poco de aire por la nariz y responde: - No, la pregunta es si Europa está cansada de mí, no yo de Europa. No estoy seguro de haberlo entendido. - ¿Pero usted está cansado de Francia? - La cuestión no es esa, sino si Europa está cansada de mí o yo de Europa. - No sé si esa es la cuestión, pero yo le quiero preguntar otra cosa, ¿usted está cansado de Francia? Sonríe, mira hacia delante y junta y separa las manos de nuevo, despacio. No hablamos más. En el Land Rover viajan también dos niños y un anciano. Ninguno entiende el francés. Los tres nos miran con curiosidad.
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La otra patera

Volvía de comprar agua y un niño de ocho o nueve años me hacía señas para que me acercara. Lo hice. Estaba frente a mi casa y era el nieto de Mahmud, mi vecino. Cuando llegué, vi a dos mujeres de unos 20 años tras el muro de bloques que hay junto a la puerta. Ellas también me hacían señas para que me acercara. Martes, día de mercado en Sbouya. Le dijeron algo al chico y el chico entró en la casa y en vez de él, salió su abuelo Mahmud. Llevaba su bastón y se ajustaba las gafas. Parecía recién levantado. De un manotazo trató de tirar al gato de su cama, que era un saco de cereal. El gato se resistió con las uñas clavadas al saco y Mahmud lo agarró del pellejo y lo separó del saco con el ruido de un desgarro. Mahmud se sentó entonces sobre el saco. Mahmud me repitió que Franco había ido a Ifni en el 50 y que él se había retirado del ejercito en el 50 y que pagaban muy mal. Cuando terminó de decirme eso sonó la llamada de la mezquita. Eran las 4 de la tarde. Mahmud me dijo: - Me voy a rezar. Pero las protagonistas de este envío son las dos mujeres de unos 20 años. Las dos visten el traje de telas estampadas del Sahara que oculta cuerpo y cabeza y deja al aire rostro, pies y manos. Las dos son primas. Una más morena, la otra más blanca. En Europa, a la morena le sobrarían quince kilos. En Sbouya, a la blanca son quince kilos los que le faltan. Para completar el ideal de belleza femenina en el Sur de Marruecos hay que echarle volumen. Cuando el abuelo Mahmud se va, me piden que ocupe el trono del saco de cereal. Me resisto por no alargar la visita pero ellas lo atribuyen al saco y mandan al niño por una banqueta. El niño trae la banqueta y me pela un tuno. Ellas entran en la casa y le dan al niño un papel y un bolígrafo. Que escriba mi nombre. Lo hago. Que escriba mi número. Lo hago. Lo leen con cuidado. Entran en la casa y el niño sale con otro papel. Es el número de ellas. Dentro de la casa, más risas. Vuelven a salir y me dicen que se van a Guelmim. Y me preguntan: - En España, ¿el clima es cómo aquí? Bueno, al menos eso es lo que interpreto después de muchos gestos - No hace tanto calor- respondo combinando las dos palabras de árabe que conozco: "no" (la) y "calor" (jarara) con unos cuantos gestos. Ellas me señalan su casa. Quieren que entre. Les digo que no y vuelvo a casa con la botella de agua.
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12 septiembre 2005

Buscar la suerte

Hassan nació en 1983. Era el segundo y último hijo. En 1998 dejó de estudiar porque le parecía que su padre ya estaba mayor para trabajar. Un día fue a casa y les dijo a sus padres que ya estaba bien, que se quedaran en casa que ahora él se encargaba. "Les dije que se quedaran y yo salí a trabajar a la obra, y me ganaba 40 o 50 dirhams (4 o 5 euros) por día y volvía y compraba alguna cosa para comer y ya estaba bien." "En febrero pasado, yo estaba trabajando en El Aaiún cuidando casas. Cobraba 24.000 ryals (120 euros) por mes y con eso tenía que comprar mis ropas, las de mi madre, mi hermano y mi padre. No era suficiente pero era lo que había. En marzo, estaba de vuelta en El Aaiún después de un viaje que había hecho de El Aaiún a Guelmim para estar con mi familia. Ese mes me dijeron que mi padre se había muerto. Tenía 84 años y mucha tos. Así que tuve que volver de El Aaiún y quedarme con mi madre y con mi hermano porque estaban solos. Pero ahora que mi madre y mi hermano están con Mbark (el hermano de su madre) y se pueden quedar con él, yo tengo que buscar mi suerte con la patera si Dios quiere. -¿Y no puedes encontrar trabajo en Marruecos, en Casablanca, Agadir? - En Casa (Casablanca), en Tánger, en todos lados es lo mismo: 40 o 50 dirhams al día y con eso no basta. Además, en Casa, los alquileres son carísimos, puede que 1.000 dirhams y uno trabaja solo para pagar el alquiler. Aquí en el pueblo por lo menos se puede trabajar para algo más. Al final de la conversación, Hassan me pide otra vez "el número de Internet" porque lo ha perdido. Le doy la dirección de correo electrónico y mis números de teléfono. Quiere que vaya a cenar a su casa. Apunta con un dedo en la dirección de su casa y dice "mi casa es igual a tu casa".
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Hassan me habla de la patera

También me habla de la patera. Me dice que lo normal es que viajen dos patrones que se turnan. Unas veces se quedan los dos en Canarias (y entonces hunden la patera y nadan hasta la costa), otras veces regresan los dos a Maruecos (así es como él cree que ocurrirá con su patera) y otras veces se queda un patrón y el otro regresa. En el siguiente viaje, será él quien se quede en Canarias. Hassan cree que la policía no intercepta a la mayoría de las pateras y que cuando lo logra, es porque hay otra que se está escapando en el mismo momento. "Es cuestión de suerte."
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Libro de gastos e ingresos

Hassan vino a visitarme esta tarde a casa. Llegó a las 2:30 de la tarde. Llevaba la camisa Diesel que no le he visto cambiar desde que le conozco, y una chaqueta adidas azul y roja encima. El vuelto de los pantalones vaqueros lo lleva doblado hacia fuera. Me contó Hassan que en los dos meses de verano que trabaja con los aknari (tunos) puede hacer unos 10 mil dirhams. Son jornadas de entre cuatro y ocho horas y eso es lo que al final de verano puede producir, más o menos, cada miembro de la familia extendida. En su caso, los miembros de la familia que trabajan son él, su tío Mbark, el hijo de Mbark, Mohamed y la esposa de Mbark. Me dice que ellos no hacen cuentas para saber cuánto gasta cada uno o cuánto se gasta en total la casa por año, "porque uno compra una cosa, otro compra otra, y así...". La madre de Hassan (hermana de Mbark) y las dos hijas de Mbark no trabajan. Én el capítulo de los gastos, Hassan cree que 600 dirhams (60 euros) alcanza para que coman los siete miembros de la familia cada mes (hay otros tres que no trabajan). Después hablamos de lo que podría cobrar en España y de lo que cuestan las cosas en España. Hussein cree que podría ahorrar 300 euros mensuales de su sueldo en España.
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10 septiembre 2005

Mohamed vino de Marrakech

Dejamos a Hassan en su casa y seguimos caminando hacia la casa de los abuelos de mi amigo e intérprete Abderrahman Saika en compañía de Mohamed, un hombre de unos 30 años que hace dos llegó a Sbouya desde Marrakech. Viste un abrigo impermeable durante un día de temperatura media 30 grados. Le faltan algunos colmillos y la piel de la cara se le pega a los pómulos. En cada mango del manillar de su bicicleta de montaña cuelga una bolsa. En una, tres litros de Coca Cola y Fanta en botellas de cristal. En la otra, no sé. Vino a Sbouya para trabajar en la construcción de una mezquita. Dice que le gustó la naturaleza, que hizo amigos, que se quedó. Ayuda en alguna obra, recoge tunos y sobrevive. - ¿Piensas emigrar a Canarias? - No, no...- se ríe. Y después de un rato le dice a mi intérprete sin que yo pregunte: - A menos que me surja una oportunidad para irme. - ¿Una oportunidad legal? - No, no, nadie piensa en oportunidades legales.
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Hassan tiene dieciseis años

El otro chico que está en la tienda, Hassan, se ríe de la ocurrencia del dueño del negocio. Está sentado sobre las bombonas de butano. Tiene 16 años. Cuando mi intérprete le informa de que estudio el fenómeno de la emigración, él le responde que también piensa emigrar un día. Hassan es el mayor de cinco varones, contando con él, y una hermana. Ella, de dos años, y el hermano más joven, no estudian todavía. Los otros tres varones, sí. Hassan ya lo dejó. Los padres de Hassan tienen ovejas, vacas y chumberas. Hassan ayuda al padre. En casa no le pagan, pero le dan de comer, se justifica. Hassan va vestido con una camisa de rayas anaranjadas, unos pantalones vaqueros, unas sandalias y una gorra de béisbol que dice Fuerteventura. Mira hacia el suelo y responde con monosílabos. Le da vergüenza. - ¿Estás estudiando? - No - ¿A qué edad dejaste? - A los 7 años - Por qué? - No tenía más ganas - ¿Trabajas? - No - ¿Nada? - Bueno, a veces con los aknari (tunos, aunque me dice mi intérprete que también ayuda en la granja del padre) - ¿Cómo es un día normal tuyo? - Ayer, viernes me fui a dormir a las 9, me levanté a las 7, fui a recoger tunos a la colina, vendimos una caja por 50 dirhams, y después estoy libre. Vine al centro, estuve con los amigos, charlando...hasta la tarde que volví a casa. - ¿Te aburres? - Sí. - ¿Y para qué quieres ir a Canarias? - Para encontrar trabajo - ¿Qué trabajo crees que puedes hacer en Canarias? - Lo que sea, en un café, hoteles, restaurante, lo que sea. - ¿Qué crees que podrías hacer con el dinero que obtendrías con ese trabajo? ¿Qué cosas necesitas que no puedes tener ahora? - Comprar una casa que sea mi casa, comprar un coche, hacer lo que quiera, sentir mi libertad- - ¿Crees que merece la pena arriesgar la vida por eso? - Sí, pero si muero es el fin, no es tan gran cosa, todo el mundo tiene un fin para su vida, está claro que algún dia me voy a morir, si tengo un accidente, si me atraganto con un pedazo de pan... - ¿Conoces a alguien que haya hecho este viaje antes? ¿Amigos, familia? - Conozco a muchos... muchos de mis amigos se fueron. - ¿Sabes que a muchos los encuentra la policía y los devuelve? - Sí. - ¿Tienes familia en las Islas Canarias? - Unos primos, me quedaría con ellos al principio hasta que arreglase mi situación - De diez que salen hacia las Islas Canarias en pateras, ¿cuántos crees que consiguen quedarse en Canarias porque no se mueren ahogados ni los detiene la policía española? - De diez se quedan dos en Canarias y trabajan y a ocho los devuelve la Guardia Civil - ¿Y ahogados? - Muy pocos mueren. - ¿Alguna vez has sentido hambre? - Nunca. - ¿Alguna vez tuviste problemas con la policía? - No - ¿Tus padres saben que te quieres ir? - Sí, les dije que en algún momento me voy. - ¿Y que te dicen? - Que no me vaya, que es difícil, que mucha gente muere ahogada. - Pero no te lo van a impedir? - No, me voy a ir, hay algunos que mueren pero hay otros que llegan y son felices y mandan dinero de vuelta, así que mis padres me van a dejar. - ¿Pensaste alguna vez en la alternativa de ir a otra ciudad de Marruecos con más posibilidades? - No, nunca lo pensé - ¿Sabes cuándo te vas a ir a Canarias? - Cuando consiga el dinero, cuando reúna unos mil euros. - Y tienes pensado cuándo va a ser eso? - No sé, un año. - ¿Cómo vas a conseguirlo? - Trabajando duro por un mes o algo así - ¿En qué? - No sé, duro, en la construcción de casa, o en una granja agrícola, regando las plantas, recogiendo, cerca de Guelmim. - ¿Eso está bien pagado? - No, son 40 dirhams (unos 4 euros) por trabajar de 5 de la mañana a 7 de la tarde. Aquí habrá unos 100 chicos como yo, de mi edad, y todos están pensando en la emigración clandestina. Llegamos frente a su casa, hecha de cemento y sin ninguna otra casa cerca. Está junto al camino, tras una pequeña barrera de piedras. Frente a la puerta principal, dos vacas se pelean. Hassan se queda tieso para la foto frente al muro de su casa. Detrás de la casa aparece su madre vestida con telas negras estampadas. La madre de Hassan le pregunta a mi intérprete por la familia, sin acercarse.
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Te cambio el negocio

Hoy volvimos a almorzar en casa de los abuelos de Abderrahman. Allí voy a conocer a su tío Habib, que vino de Fuerteventura con su esposa canaria y su hija a pasar dos semanas aquí. Antes de subir, paramos en el negocio de Hassan, el hermano de Swailim e hijo de Mahmud, y compramos una Fanta y dos Coca-Cola para el almuerzo. Hassan quiere que me lo lleve a Canarias. - Monto un negocio como este –y señala debajo de él con las dos manos- en Las Palmas- dice. - No se puede sin papeles- respondo. - Pero todo el mundo se va sin papeles. - Pero para trabajar como empleado, eso sí se puede, pero montar un negocio no. - Bueno, pues lo montas tú -me dice- y compartimos los beneficios. Yo hago el gesto dar cabezazos contra la pared como para decirle que es imposible razonar con él. Hussein, un joven de 15 años que está sentado sobre las bombonas de butano, se ríe.
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06 septiembre 2005

Lunes y martes en Rabat

Un viaje rápido (de 16 horas en guagua cada trayecto) para darme de alta en el Consulado de España y para informar a la gente de prensa de la Embajada de mi proyecto para la maestría. Tuve la suerte de conocer al corresponsal de ABC, Luis de Vega, y a la de La Vanguardia y la Cadena SER, Carla Fibla. También a Jaime, de la biblioteca del Centro Cervantes. A los tres les debo mi gratitud y los tres saben por qué. Aproveché el viaje para informar del curso de mis investigaciones a la persona del Ministerio de Comunicaciones que firmó mi autorización para trabajar en el país.
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03 septiembre 2005

Noche de campo

El sábado fui a dormir a casa de los padres de Abderrahman, donde él y Stacy habían ido a pasar la noche. Durante el día la temperatura había sobrepasado los cuarenta grados y mi habitación, de bloque moderno y cemento y construida sobre una terraza, se había pasado las doce horas de sol sin ventilación y absorbiendo rayos. No quería despertarme otra vez en medio de la noche, con la imaginación disparatada y sin Stacy y Abderrahman cerca. Me asustaba dormir solo. Más, después de las visitas oficiales del día anterior. La casa de Abderrahman está a treinta minutos caminando desde Tleta Sbouya. Un paseo agradable de día, cuando no hace demasiado calor, y de noche, cuando se va acompañado. Yo iba solo, con una linterna que se apagaba y con demasiada imaginación. Treinta minutos asustándome de mi sombra y del ruido del viento agitando los plásticos negros que se quedan enganchados en las plantas. El placer de contemplar las estrellas que me había prometido al inicio se esfumaba en manos del temor de encontrarme con una fiera, un asaltante o simplemente un agujero. Abderrahman me esperaba a un borde del camino con la linterna apagada. No pudo aguantar la tentación de asustarme cuando llegué a su lado: - Who are you?- gritó a la vez que concentraba el foco de su linterna sobre mis ojos. La familia de Abderrahman, para soportar el calor, estaban sentados en uno de los patios interiores cubiertos por telas. A la luz del camping gas, Stacy improvisaba una clase de inglés con los más pequeños. - Who am I?- les preguntaba (entendí de dónde le había venido la inspiración a Abderrahman para asustarme) - You are my friend- respondía Ramadan, el hermano menor de Abderrahman. Allí estaban el padre y la madre de Abderrahman. Ella trabaja en la cooperativa femenina de tunos y él cuida las ovejas, cabras, vacas y tunos de la familia. También, tres hermanas de Abderrahman, y los dos más pequeños: Mbark y Ramadán (aparentemente, un nombre común para los nacidos en octubre). Tomamos té y hablamos en inglés durante una hora. Stacy me reclutó en seguida. Cuando ella estaba ocupada yo me encargaba del que quedaba libre: - What do you do in your free time?- me preguntaba siempre Mbark riéndose. Llegó la hora de dormirse. Los varones y Stacy (saltándose el protocolo) en la misma habitación, los padres en otra y supongo que las tres hermanas en otra. Abderrahman distribuyó colchonetas y sábanas. A mí también me dio una almohada.
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Desmontando mitos

Según Lahoucine Marzouki, lo de emigrar para poder pagar la fiesta del matrimonio es solo una excusa. Él cree que las fiestas se hacen a medida de las posibilidades de cada uno, que no todas son de 50 mil dirhams (5 mil euros): “Hay gente que trabaja en la construcción y cobra 70 dirhams (7 euros) por día y tienen una pequeña familia, así que es perfectamente posible. Lo que pasa es que sueñan con construir una casa en la ciudad, no en Sbouya, en Guelmim." "Es lo que hacían los primeros emigrantes marroquíes en Europa que Francia vino a buscar en los años sesenta para la reconstrucción del continente y que ahora ya se jubilaron en Marruecos. Esos jubilados ya no vuelven a la aldea, vuelven a Guelmim, son ellos los que invirtieron en el desarrollo de Guelmim." Construir la casa "Los jóvenes de hoy piensan con la misma mentalidad de esos jubilados. Quieren construir una casa y casarse con una mujer. Si quisieran, podrían quedarse en el campo, podrían hacerlo. Las casas tradicionales de aquí tienen un montón de habitaciones y pueden convivir varias familias perfectamente." "Claro que en la aldea no hay electricidad, no hay agua, eso sí es verdad. " "Para mí, la solución está en dotar a las aldeas de electricidad y de agua, en diversificar la agricultura y no quedarnos solo con los tunos que dan empleo nada más que para cuatro o cinco meses al año. Ahora mismo, en Sbouya, solo hay electricidad en los lugares más cercanos al Tleta Sbouya." La parabólica "La explicación de la parabólica, que si ahora ven por la televisión las comodidades de Europa, tampoco sirve porque de hecho no había electricidad en Tleta Sbouya hasta hace un año." "En Marruecos se puede trabajar en la agricultura, en los cafés, en los hoteles, se puede vivir, pero los jóvenes no buscan vivir sino convertirse en millonarios en Europa. Y cuando están allí, viven entre 5 o 6 en una misma casa pagando mil dirhams cada uno. Ni siquiera comen bien. Todo con el objetivo de trabajar para reunir el dinero. La meta está en el regreso a Marruecos con 60 mil dirhams en el bolsillo."
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Financiando la patera

Se dice en Sbouya que en los dos o tres meses que dura la temporada de los tunos, se puede reunir el dinero para la patera (en torno a los 5 mil dirhams o 500 euros). Al principio del verano, en agosto, el tuno se vende a 15 dirhams la caja de 40 kilos porque abundan. Para la región de Sbouya hay más de 25 camiones trabajando. Los primeros días de septiembre comienza a escasear y a venderse por 50 dirhams la caja, y llega a venderse a 100 dirhams en la costa, donde más se alarga la temporada (a veces, hasta diciembre). Al final, un solo camión sirve a toda la región y necesita 7 días antes de completar su carga. Trabajando por la mañana, el camión paga a los recolectores una media de 70 dirhams (entre las 8 y las 11 o las 12, antes de que el sol castigue demasiado). En cada camión va el chofer, el dueño de los tunos para seleccionarlos y cuatro jóvenes para recoger. De ese modo, en 80 días se pueden reunir 5.600 dirhams. La mayoría come en casa y mantiene su salario intacto. Solo esperan a octubre para irse. Por qué a Canarias La gente de la zona prefiere ir a Canarias porque es más barato (4 o 5 mil dirhams frente a 10 mil desde Tánger en zodiac) pero principalmente porque hay más seguridad. Aquí creen que le dan el dinero a alguien que va a cumplir. En Tánger, se dice que hay más intermediarios y roban más. En la patera siempre va alguien experto que antes de irse comprueba el estado del mar y decide si pueden salir o no. Solo salen cuando tienen la seguridad de que va a estar tranquilo. Muchas veces, cuando llegan a Canarias, hacen un agujero en la patera y la devuelven al mar para que se hunda. De otro modo, la policía encontraría la embarcación y los buscaría en los alrededores. En los casos en que el conductor regresa a Maruecos con la patera, se comenta que sus honorarios son 10 mil dirhams (1.000 euros) por el viaje. Otra variante es que vayan dos conductores para ayudarse en el viaje, uno se queda en Canarias y el otro regresa esperando a que le llegue el próximo viaje en compañía de otro conductor. En este segundo viaje, a él será a quien le toque quedarse en Canarias.
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Economía doméstica

Estas son las cuentas de la familia de un universitario que murió en la patera: El padre tiene unos 1.250 metros cuadrados de chumberas, 20 corderos, 3 vacas, 3 terneros y 6 cabras. Con esas fuentes de ingresos alimentaba a su familia. Antes de la tragedia, sus hijos eran: 1. Una mujer de 36 años que no estudió carrera y que vive en El Aaiún con su marido. Tiene un niño y una niña. Es la única que vive lejos de la órbita familiar. 2. Un hombre de 27 años, dedicado al comercio de corderos que vive entre Guelmim y Sbouya, con estudios hasta los 16 años, casado y con una hija. 3. Un hombre de 26 años que trabaja con su hermano mayor en Guelmim. 4. Un hombre, de 23 años, que estudió Geografía en la Universidad de Agadir “no para encontrar un trabajo sino para mejorar la vida, adquirir conciencia y poner los estudios al servicio de los demás” 5. Un hombre, muerto en la patera, 22 años. Estaba en segundo año de la facultad cuando murió. 6. Un hombre de 17 años estudiante de secundaria. Cada año, esta familia vende dos vacas y obtiene a cambio unos 15.700 dirhams (1.570 euros). De la venta anual de 5 o 6 corderos y cabras, sacan 30 mil dirhams (3 mil euros) y la producción de tunos les proporciona entre 30 y 40 mil dirhams (3 y 4 mil euros) de rentas anuales. Pero en las comunidades rurales de Marruecos la contabilidad doméstica no es tan sencilla. Tampoco en esta familia, según uno de sus miembros: “En casa también viven mis hermanos mayores, uno compra la harina y las cosas para que coman las vacas y el otro compra el aceite, la carne, las legumbres, la leche... y mis padres compran la ropa” El antepenúltimo hermano de esta familia estudió Geografía en la Universidad Pública de Agadir con una beca trimestral de 1.300 dirhams (130 euros) y un cheque de la familia también trimestral de otros 1.000 dirhams (100 euros). En el alquiler de una casa de dos habitaciones que compartía con otros cinco estudiantes, gastaba 200 dirhams (20 euros) al mes. Electricidad y agua, 50 dirhams (5 euros) mensuales y 400 dirhams (40 euros) para comer. Todavía le quedaban 150 dirhams al mes que gastaba en baños con agua caliente en la sauna cada 10 días.
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Historia de un naufragio

El año pasado, el marroquí Habib Marzouki y la cooperante estadounidense Stacy Sabraw hablaban en el café de la Universidad de Agadir donde Habib estudiaba. Stacy conocía a Habib porque era el mejor amigo de su novio, Abderrahman. Stacy recuerda el siguiente diálogo con Habib ese día: - Stacy, quiero tu opinión. - Dime. - Estoy pensando en la inmigración clandestina, ¿qué me dices? Stacy hizo una pausa y dijo: - ¿Vale la pena tu vida? - Gracias- le dijo él. Hace seis meses Habib murió ahogado a cien metros de las costas de Dakhla (antigua Villa Cisneros). “Por lo que veo, sí valía la pena” recuerda hoy Stacy. Lahoucine Marzouki es el hermano mayor de Habib. Él nació en 1982. Su hermano había nacido en 1983. “Cuando mi hermano comenzó la facultad en Agadir, un amigo se fue a Tenerife en octubre de 2002. Le llamaba cada semana, cada quince días. Le decía que aquello estaba muy bien, que había mucho trabajo. Le preguntaba por qué no salía de Marruecos, no entendía que quisiera quedarse." "Mi hermano venía de Agadir a Sbouya y le pedía a mis padres dinero para irse como clandestino pero mis padres le decían que no, que no se fuera con patera, que se fuera con visa. Pero mi hermano tenía solo esa idea fija, nada más, solo la patera." "Como dormíamos en el mismo cuarto hablábamos por la noche. Él me decía que iba a encontrar la ocasión de irse con la patera. Mi hermano siempre pensó que estudiar en Marruecos era un error pero lo hacía porque no encontraba otra cosa que hacer por el momento. " "Teníamos diferentes formas de pensar pero podíamos comunicarnos sin ningún problema. Él decía que la vida era el dinero, que cuando tenías el dinero, los otros iban a decir que eras importante. Pero para mí, el dinero no es lo importante, sino la cultura, la conciencia. El dinero es importante para vivir, claro, pero no como para decir ‘el hombre es el dinero’." "Yo creo, como joven, que sí hay cosas para trabajar en Marruecos. Creo que lo de la emigración a Canarias es una cosa psicológica entre los marroquíes del Sur. Cuando ven que un joven que antes cuidaba camellos, se fue con la patera y volvió con dinero, un coche, una mujer, eso anima a los otros. En Marruecos no hay demasiado dinero, pero puedes vivir. Además, aquí vivimos dos o tres familias juntas, no es como en Europa." "En agosto de 2004, mi hermano volvió al pueblo y se puso a trabajar con el camión recogiendo tunos. Sacó 2 mil dirhams (200 euros). Volvió después del verano a Agadir y pasó los exámenes sin problemas. Pero solo hablaba de la emigración. Yo no volví a Agadir. Me quedé en Guelmim porque ya me había licenciado en 2004 en Geografía." "Mi hermano se fue de la casa de Agadir en la que vivía con otros estudiantes porque no podía pagarla. Estaba ahorrando también la beca de dos trimestres para pagar la patera (1.300 dirhams o 130 euros de beca estatal por cada trimestre). Se quedó a vivir con la hermana de mi madre, que vive en Agadir." "En febrero de 2005 se encontró en Agadir con otra tía que vive en Bélgica y que le da 2 mil dirhams. Todos los años le daba algo. Temerosa de que esta vez lo vaya a utilizar para la patera, le pregunta, pero mi hermano le dice que no, que no va a irse de Marruecos. Pero mis padres saben que se está preparando porque cada vez que viene les pide dinero para la patera." "Al principio de marzo de 2005, mi hermano vino a Guelmim, donde yo vivía, y después vino a Sbouya. Le dice a mi madre que se va de Marruecos. Le dice adiós a mi madre." "Mi madre ya no se atrevía a decirle nada. Temía que desechara el proyecto por su consejo y después viera como sus amigos triunfaban. Mi hermano le dice que lo que quiera Dios será lo que pasará." "Pero la interpretación del Corán no deja las cosas tan claras. Es verdad que por un lado se dice que no harás cosas peligrosas para tu vida, pero por otro también se dice que Dios ayuda a las personas para construir barcos y explotar la riqueza del mar." "Mi hermano habló con un primo y se fue a Dakhla, porque había un control sobre la costa desde Ifni (Sidi Ifni) a Boujdour (Cabo Bojador). Una colaboración entre la Guardia Civil y la Gendarmería Real, con tiendas de campaña sobre la costa y con un radar." "Desde Guelmim hablo por teléfono con mi hermano. Le digo que es peligros, que él debe continuar sus estudios, que él puede trabajar, que él tiene conciencia, pero nada..." "En Dakhla, 12 amigos esperan para salir. Es el mejor punto para salir hacia Las Palmas en una travesía de 48 horas. Con mi hermano, son 11 amigos de Sbouya y el que lleva la patera, que piensa quedarse en Canarias y a cambio no paga. Compran una patera de madera de mala calidad. Esperan 20 días en Dakhla hasta que un día no pueden esperar más. Tienen miedo. Le dicen al conductor que hay que salir ya." "El día 25 de marzo de 2005 deciden salir. Van a la costa. El mar no está tranquilo. El piloto dice que es muy peligroso pero uno de ellos dice que tienen que salir ya, que no pueden esperar más." "Salen. Las olas son fuertes desde el principio. En la patera llevan dos motores, 700 litros de combustible, 55 litros de agua, maní y queso. La sexta ola vuelca a la patera. Seis personas nadan hasta la costa. Los otras seis no saben nadar. Mueren." "Yo fui a Dakhla porque alguien me había dicho que mi hermano estaba muerto. No sabía nadar. Vi que su cuerpo se había quedado enganchado a la patera. Las olas habían arrastrado la patera a la costa y él llegó, vivo, a la costa. Pero había tragado mucha agua." "La Marina Real lo descubrió a las 9 de la mañana. El doctor me dijo que mi hermano había muerto una hora antes de que llegara la Marina. Tenía el rostro y el cuerpo muy bien. No se había quedado mucho tiempo en el mar." "Después de ese día, las olas trajeron los otros cinco cuerpos. Pero a ellos fue difícil reconocerlos y la policía tuvo que hacer un análisis de ADN." "Yo volví a Sbouya donde se habían quedado mis padres. Es muy lejos de Dakhla, y muy difícil el transporte. Además, el sufrimiento. Yo fui solo a Dakhla. Si mi padre llega a ir, no hubiera sabido cómo tratar con la administración para enterrar el cuerpo." "Los once eran amigos de Sbouya, nacidos entre 1982 y 1986. El único universitario era mi hermano. Los otros se habían quedado en el cuarto año (entre 14 y 15 años). Los otros trabajaban. Entre los que murieron había un peluquero, otro que recogía tunos y otros tres que trabajaban en Canarias y habían sido expulsados, después de un año o un año y medio allí."
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02 septiembre 2005

Un emigrado

Esta noche, frente a la tienda de Swailim había un Land Rover aparcado. Su conductor, de unos veinticinco años, está algo más redondo que muchos de los marroquíes que he conocido hasta ahora. No se le adivinan los pómulos y probablemente tampoco las costillas. Lleva una camisa negra y roja de un equipo de polo de la India. En la espalda, por encima de un número 2 enorme, la palabra Commonwealth escrita en blanco. Debajo del número, la palabra India. El joven va y viene del Land Rover a la tienda y de la tienda al Land Rover. Por primera vez siento que no todas las miradas de Tleta Sbouya están puestas en mí. Siento que la figura del portador de la camisa Commonwealth India se ha llevado a mis fieles. Ya ha terminado sus compras y regresado al asiento del conductor de su Land Rover. Arranca. Un hombre con bigote que yo no había visto antes se sienta junto a mí, me señala y le dice algo en árabe. Él le responde en árabe, me mira y dice: - ¿Eres español? (toda la conversación, en español) - Sí. ¿Tú también? - No, pero yo vivo allí. - ¿En dónde? - En Canarias, en Fuerteventura.
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Entrevista a la abuela de Abderrahman (con intervenciones)

La abuela de Abderrahman tiene a dos de sus tres hijos varones en la isla canaria de Fuerteventura. Su hijo Habib fue el primero en quedarse, en 1995, cuando el barco pesquero en que trabajaba atracó en el Puerto de la Luz (Las Palmas). El segundo, Fadir, llegó en patera en 1998. - ¿A usted le gustó saber que sus hijos se quedaban en España? - Ellos eran infelices aquí y estaban nerviosos y cuando llegaron a España encontraron trabajo y ahora tienen familia y todo así que estoy contenta por ellos. - ¿Entiende por qué eran infelices sus hijos aquí? - Claro, querían tener dinero y el dinero no estaba aquí, querían poder casarse, y ahora ellos envían dinero también aquí. - ¿Cuánto cuesta casarse? - Para casarse hay que tener platos, comprar un camello... – me responde Mbark, el hermano de Abderrahman riéndose. Y de nuevo, la abuela: - Ahora Fadir (el segundo en llegar a Canarias) tiene una casa en España y antes no tenía. Y entonces me pregunta ella a mí: - ¿Estás buscando una esposa? - ¿Yo? No, no. Todos se ríen. - ¿Por qué hace falta dinero para casarse? ¿Para la fiesta o para la vida después? - Sí, para la fiesta porque es carísimo, si después tienes un poco, no importa, alcanza. - ¿Cuánto puede costar una boda? Stacy, que hasta ahora me estaba traduciendo para hablar con la abuela, me responde ella misma: - Depende, pero como mínimo tienes varios cientos de personas y tienes que alimentarlos a todos, tajine, té, pan, frutas, postres... - ¿Y cuánto puede ser un coste normal? - Como mínimo, un millón de ryals- responde la abuela. Es decir, 50 mil dirhams o 5 mil euros, algo que según Stacy representa 5 años de trabajo. - ¿Qué hacía el marido de usted cuando se casaron? - Era un granjero. No tenía nada. Solo teníamos animales. - ¿Y cómo pagó la boda? - Vendió algunos animales y el dinero estaba ahí así que hicimos la boda. Pero ahora es más caro de lo que solía ser la boda... Interviene la madre de Abderrahman: - Las ropas, los perfumes, soda, ahora todo eso hace falta también, y antes era más simple. - ¿Cómo era antes?- le pregunto. - Es que los precios han subido mucho, antes el dinero iba mucho más lejos que ahora... y los sueldos no han crecido. Antes, con 300 ryals comprabas un kilo de carne de camello o de oveja y ahora son 1200 ryals (15 y 60 dirhams, o 1,5 y 6 euros) La abuela se levanta y saca el bote de colonia del armario. Me rocía un mínimo de diez veces por ser el invitado de honor. No para hasta que empiezo a toser. Sigue con el resto de los comensales. El alcohol de la colonia alivia un poco la sensación de calor. - Cuándo Habib llamó y dijo que estaba en Canarias, ¿qué pensó? - Estábamos contentos, empezó a enviar dinero, ¿por qué no íbamos a estar contentos? Y añade la madre de Abderrahman (hermana de Habib): - Hicimos una gran fiesta de celebración en esta casa cuando encontró un trabajo allí. La historia del segundo tío de Abderrahman, Fadir, no fue igual. Fadir conducía un taxi en El Aaiún. Se encontró con algunos amigos y en 1998 se fueron en una patera. Fadir no avisó en casa de que se iba a España en patera. Le pregunto al padre de Fadir: - Si hubiera sabido que su hijo iba a viajar en patera, ¿lo habría autorizado? - No, le habría dicho que no se fuera. Pero según Abderrahman, la familia había entendido que había algo en marcha, que Fadir planeaba algo. Un día, la madre lo llamó y le dijo: “estás preparando algo y lo puedo sentir, puedo sentir que vas a emigrar, así que no lo hagas”. Él le respondió: “No lo voy a hacer, solo estoy trabajando aquí en El Aaiún”. Hasta que llegó el día en que llamó y dijo: “Ya no estoy en El Aaiún, estoy en Canarias. Acabo de llegar. Estoy con mi hermano. Todavía no me quité los zapatos. Voy a tomar una ducha.”
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Entrevista al abuelo de Abderrahman

El abuelo de Abderrahman viste con derraá blanca como he visto a muchos de su generación y porta una calva de impecables pecas. Alto y delgado. Se sienta en una esquina con las rodillas levantadas cerca del mentón. Su hijo Habib asegura que tiene más de cien años. No dice nada pero el ambiente de la habitación cambia con su llegada. Se hace un silencio general. Alguien le dice que yo estoy ahí. Me identifica y me pregunta, serio y en árabe: - ¿Cómo estas? - Bien Alguien le dice que soy español. - ¿Español?- me sigue diciendo en árabe. - Sí- respondo. - Háblale en español- le dice su esposa, la abuela de Abderrahman. Y él obedece: - Yo sabe un poquito... - ¿Habla español? – me hago el sorprendido. - Más o menos (esto último en árabe, a partir de ahora, salvo cuando se indique, en español). - Un poquito de habla, de habla, un poquito... – sigue, y añade:- ¿Dónde está la comida? Comer. - Ya comimos- le digo. - ¿Beber té? - Sí, gracias. - ¿Café? - No, no. - ¿Con leche o café solo? No sé si me ofrece o si es lo que recuerda de español. La abuela de Abderrahman, a la que alguien le ha traducido nuestra conversación, me dice: - Si quieres café, aquí hay... - No, muchas gracias. El abuelo saluda a Stacy, y bebe su té a sorbos ruidosos, como es costumbre aquí en el Sur. Vuelve a mí. - ¿Qué haces aquí?- me pregunta. - Trabajo, soy periodista. - ¿Tienes madre? - Sí. - ¿Y padre? ¿También? ¿Dónde? - En Tenerife. - ¿Bien, padre y madre? - Sí, los dos. - Bien, es bueno. Llega el arroz para el abuelo, me dice: - La comida, ¿quieres? - No, ya comí. - ¿Ya? - Sí, gracias. - Bueno. Le pregunta algo a Abderrahman y de nuevo se dirige a mí: - ¿Por qué viene aquí? - Vengo por trabajo. - ¿Trabajo? - Sí. - ¿Aquí? - Sí. - ¿En la obra? - No, no,... en la obra no Se ríe y habla un poco más con su nieto Abderrahman. Su esposa le pregunta a Abderrahman si yo compré muebles para mi casa en Sbouya. Abderrahman le responde que no. - ¿Entonces no tiene dinero?- dice ella. - No- responde Abderrahman por mí. - ¿Y cómo se le ocurre venir a Marruecos sin dinero? Abderrahman le explica a su abuelo que vine a estudiar la emigración clandestina hacia las Islas Canarias, que quiero saber por qué viaja la gente. - Porque tienen hambre- dice el abuelo en árabe provocando la risa de todo el mundo. Y a mí, en español: - No hay pan. - ¿Ahora hay menos trabajo que antes, cuando usted era joven? – le pregunto. - Cabras, eso era todo- se ríe- trabajo, nada, nada. - ¿Antes sí había? La madre de Abderrahman me explica que su padre era un militar con los españoles, cuando estaban en Ifni. El abuelo lo oye y me dice: - Servicio de España. Siete años. - ¿En Ifni?- le pregunto. - Licencia, licencia. Abderrahman me cuenta que los españoles no quisieron pagarle y por eso tomó la licencia. - En Sbouya, ¿antes trabajaban también con los tunos?- le pregunto. - Sí, había tunos, y los llevaban en camellos para vender en Guelmim, y además los secaban al sol para comerlos fuera de temporada (esta frase en árabe, con la traducción de Abderrahman). - ¿La situación era igual que ahora? ¿Qué cambió? ¿Por qué todo el mundo se va a España ahora? - Antes no había emigración clandestina porque era fácil para los jóvenes ir a España, iban en los grandes barcos y ya está, trabajaban pescando y cuando paraban allí, se bajaban, estaban más relajados en las islas.
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El orden de los platos

Primero comemos arroz blanco (presumiblemente Uncle Ben’s) con aceite y miel. Esta es la explicación de Stacy: - Es tradición tomar arroz primero, es como decir: ‘no nos importa si ya desayunaste, pero te vamos a dar desayuno’. Antes del arroz ha venido Mbark con una palangana, una tetera de cinco litros y una toalla para que lavemos nuestras manos. Se detiene frente a cada uno de nosotros y vierte el agua sobre nuestras manos y la palangana. Y después viene el almuerzo que comemos todos los varones del mismo plato ayudadóndonos con la mano derecha y los pedazos de un pan redondo de medio metro de diámetro que hacen en la casa. Siempre tras haber invocado "el nombre de Dios" ("bismilah", por su trascripción fonética). Las mujeres, en su mesa, también comen del mismo plato. Y después vuelve Mbark con palangana, toalla y tetera. Y después viene el té.
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Inventario familiar

La abuela de Abderrahman quiere que yo sepa que su hijo Fadir, el segundo en llegar a Canarias, tiene un hijo que se llama Nordin y que Habib, también en Canarias, tiene una niña que se llama Leila. Trae una foto de Habib con su hija Leila y con su esposa, María. Habib tiene una gorra de béisbol con la visera hacia atrás. La tía de Abderrahman trae entonces un paquete enorme de arroz marca Uncle Ben’s, de unos diez kilos. Me lo pasan para que lea las instrucciones de cocción porque no están en inglés y Stacy, además del inglés, solo conoce el árabe. Están en francés, alemán, belga y también en italiano. Lo traduzco del italiano al inglés y Stacy, del inglés al árabe. Es la forma de cocción tradicional. Creo que la tía de Abderrahman vuelve un poco decepcionada a la cocina. La abuela de Abderrahman me dice que es mala idea tener muchos niños, que una mujer debería tener tres o cuatro, nada más (la mayoría de familias que he conocido aquí tienen un mínimo de ocho). La abuela me dice también que tiene 3 hijos varones y que están todos casados. Para decirme que están casados saca un poco la lengua y la mueve contra los labios. Es el movimiento con que aquí se profiere un agudo "ululululu" para celebrar las bodas. Stacy, que lleva en Sbouya desde el 2003, imita el grito para mí y todos se ríen. Es lo más parecido a lo que uno imagina que era el canto de guerra de los indios de Norteamérica. La madre de Abderrahman dice que Stacy aprendió a "bailar, a vestirse como aquí, todo..." La abuela insiste en que yo también tengo que aprender la lengua local, que si no, ella no me entiende cuando hablo en español. Mbark comienza con la primera lección. Me hace repetir: Shucaran (gracias) Jarara (Calor) La abuela dice que los extranjeros solo comen un poco de aquí, un poco de allí y que eso no está bien: "hay que llenarse bien con un buen plato". Dicen que cuando llegó Stacy, al principio, también comía poquito, pero que ahora.... no terminan la frase. La abuela me dice que parezco un marroquí y Mbark señala que la mayoría de los españoles tienen el aspecto de los marroquíes. - Es bueno -dice la abuela- está bien. Me hablan de Sidi Ifni y de la ocupación española de Sidi Ifni y de que hubo guerras en las colinas y de que al fin los españoles "se fueron de allí en avión". Me hablan de la presencia española en El Aaiún. - Los pobrecitos se fueron- dice la abuela. La abuela me pregunta si tengo padre y madre. - Sí- respondo. - ¿Están vivos? - Sí. - ¿Hermanos? - Sí, dos. Stacy me sugiere que les diga el nombre de mis padres, cosa que hago. Repiten los nombre españoles conmigo. Hago lo mismo con los nombres de mis hermanos. Mbark y la abuela los repiten. - ¿Qué pasa hermano? - Me dice Mbark en español y se ríe. - Todo bien- le digo también en español - Gracias- dice Mbark entusiasmado con la nueva lengua. - De nada- respondo. - Entonces no conoces ninguna de nuestras lenguas- dice la abuela refiriéndose también al dialecto bereber que hablan en la casa. - No. - Pobre chico- sentencia y se ríe.
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Acogida sbouyana

- Francisco, Francisco.... Mbark se ríe como si hubiera hecho una travesura y yo fuera su compinche. Señala a un gato viejo y gordo que descansa en la sombra y dice: cat, y sigue riéndose. Mbark es el penúltimo hermano de Abderrahman (no confundir con Mbark, el tío de Hassan de los posts anteriores). Tiene 12 años, va a todos lados con una bicicleta de BMX y según Abderrahman, es el primero de su clase. Saludos en árabe para todos, también para mí, que repito cuanto oigo. La abuela de Abderrahman se detiene un buen rato conmigo. Le dicen cosas a Stacy sobre mí y se ríen batiendo las palmas y mirando hacia abajo y tapándose la boca. Stacy, que habla el árabe de la zona, hace de intérprete. Le dicen que tengo que aprender árabe y que entonces ellas aprenderán mi lengua. Ellas son la abuela, la madre y la tía de Abderrahman. Cuando ya estamos en la sala del té y del almuerzo, la abuela se agarra un pecho, se pone después tres dedos en la boca y -como quien da un beso volado- extiende la mano hacia delante y hacia arriba. Stacy me traduce por fin: los hijos de la abuela (es decir, los tíos de Abderrahman), los que viven cerca de mí, que los alimentó con su pecho y que ahora se fueron. - Las Palmas- añade la abuela en español, aunque por lo que entiendo después, viven en Fuerteventura. Siguen los saludos con Stacy. Alguien se suena con estrépito. Un bebé llora. La madre le dice que se calle, y el niño responde "ga ga". Me entero de que hoy lo vacunaron. Me preguntan si soy familiar de Stacy. Me explica Stacy que para ellos todos los extranjeros están relacionados. Respondo que no, que yo soy español y que Stacy es estadounidense (digo "americana"). Se ríen y dicen: América, no; España, sí. - Es buena España- me dice la abuela en árabe sin necesidad de traducción, porque es una palabra que conozco. Me dicen que le dieron a Stacy el nombre árabe de Aziza. Stacy me señala y pregunta: - ¿Y a él? Mbark lo encuentra en seguida: - Rachid- grita. - ¿Te gusta? Me pregunta Stacy. - Sí, claro. - Rachid, Rachid- repiten todas. La abuela dice: - Ahora vas a ser parte de la familia también.
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Mediodía sbouyano

Hoy fuimos invitados para almorzar en casa de los abuelos de Abderrahman. Stacy, Abderrahman y yo. Se me había asegurado que el abuelo, antiguo militar a las órdenes de España, dominaba el español. Fui con la esperanza de que él y su mujer me hablarían de la experiencia de tener a dos de sus tres hijos varones emigrados en Canarias. Salimos de casa a la una y nos cruzamos con dos viejos tumbados en una esterilla junto a la carretera de asfalto en el lado con sombra. Un hombre aparcaba su burro frente al almacén. Otro burro observaba la maniobra desde la sombra de un árbol. Cerca de este último, cuatro viejos vestidos con derraá y turbante y otro con un chándal azul, charlaban junto a la teleboutique (el locutorio) del pueblo. Al frente, la esquina de la carnicería, siempre abierta. No hay nadie salvo el carnicero. Comprábamos cuarenta dirhams (4 euros) de carne de pollo cuando llegaron dos jóvenes de 30 años a tirarse en la sombra de este lado de la calle. Vamos a la tienda de Swailim para comprar cigarros. Un niño de pelo muy rizado y 1,40 metros de altura (10, 11 o 12 años) llega a la tienda en burro y espera pacientemente en la puerta a que terminemos. Entra el viejo del chándal azul. Lleva un turbante que es casi un pedazo de tela amontonado sobre la cabeza, una camisa de cuadros y mangas cortas y unas babuchas. Nos esquiva, bromea con Swailim y se va sin comprar nada. El burro espera atado a una bombona de gas con las orejas orientadas hacia atrás y un temblor en la piel de las patas delanteras con el que espanta a las moscas. Hace lo mismo con los ojos. Una silla hecha de mantas y cuero cubre dos terceras partes de su lomo. Terminamos con Swailim (no sé qué hemos comprado) y ponemos rumbo a casa de los abuelos de Abderrahman. En el camino, nos cruzamos a dos jóvenes con derraá que caminan juntos por la calle principal. Un jeep nos adelanta. Esquivamos a Mahmud en su tienda, el padre de Swailim y de Hassan que fue militar de Franco porque es capaz de ocuparnos treinta minutos recordando lugares que conoció en España. Me ve de lejos y dice: "¿eeeee?" Respondo con la mano y seguimos. La tienda de Mahmud está casi frente a la de su hijo Hassan. Salimos del centro del pueblo y pasamos por una extraña construcción. Es como un laberinto para enanos con muros de un metro de altura y sin techo que desemboca en un recinto rectangular. Dentro de él hay un burro. Tal vez sea un laberinto para burros. Pasamos también junto a un abrevadero de burros que según Abderrahman fue construido durante la dominación española de Sbouya. No tiene agua, ni grifos. Cuatro burros bajo un árbol cercano nos miran. Por último, dejamos a nuestra derecha una casa derruida de adobe y piedras. Desde la poca sombra que le dan las ruinas, un burrito joven y peludo nos mira.

No es peludo ni joven, pero nos mira.

Ya estamos en el camino abierto y de tierra que nos llevará a casa de los abuelos de Abderrahman. A una distancia de entre uno y dos kilómetros en una ligera pendiente podemos ver otro asentamiento de cuatro o cinco casas. Allí viven los abuelos. A la derecha del camino, más palmeras y cañas que de costumbre. Abderrahman dice que es porque en esta zona hay más pozos. A nuestra izquierda, a una distancia de unos 200 metros, las líneas de alta tensión corren paralelas al camino. Tras nosotros, un niño apremia a su burro hasta quedar justo detrás de nosotros. Entonces se adapta a nuestro paso y nos observa, sobre todo a mí. Es el mismo niño que en la tienda había atado su burro a una bombona de gas.

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01 septiembre 2005

Entrevista al emigrante Hassan

Hoy me dijo Hassan que había reunido el dinero para salir en patera durante el mes diez (así llaman aquí a octubre) hacia Canarias. Ya tiene gente en las islas y quiere saber cómo ponerse en contacto. Me pregunta: - Para llamar a la familia, ¿cuántos números? Desde aquí 00, 34, ... - Sí, aquí es 00 34 y después el número- le informo. - ¿Y cuándo estás en España? - No haces el 00 34. Es así: y le escribo dos números de ejemplo, desde España y desde fuera de España. - ¿Borras el 00 34? - Sí. El bebé llora. Su abuelo Mbark le hace carantoñas. - Son nueve cifras, desde España- le aclaro a Hassan. - Ah, bien. Le doy mi número de teléfono en España. En la radio, se oye la conversación de dos locutores canarios. Con el ruido del bebé en la habitación, no entiendo bien de qué hablan. Le doy también mi dirección de correo electrónico a Hassan. - Ah, l’Internet...- y relee conmigo la dirección. En la radio suena "We will rock you", de Queen. - ¿Quieres ir a las Islas Canarias entonces?- he conectado la grabadora sin que se dé cuenta. Quiero tener la conversión registrada para recordarla. - Sí. - ¿Por qué quieres ir? - Porque soy el único de mi familia (Hassan tiene un hermano que según él no es muy inteligente, huérfano de padre). Tengo que buscar mi trabajo, para mantener a la familia. - ¿Y aquí no encuentras trabajo? - No hay trabajo. - ¿Y con los tunos? - Eso es todo. - ¿No basta? - No. - Con los tunos, ¿no puedes comprar nada? - No, porque soy yo solo. No hay nadie que trabaje conmigo. Soy el único de mi familia y busco trabajo porque tengo que comprar la ropa de mi hermano, la de mi madre, muchas cosas... tengo que comprarlo todo. Tengo que buscar trabajo y no hay mucho trabajo aquí, si tú trabajas aquí, ¿cuánto dinero tienes? 800 ryals por día (40 dirhams o 4 euros) y con eso, ¿qué haces? No haces nada con eso... Si tienes que comprar un bolígrafo, son 5 dirhams, si tienes que comprar un mechero, son 5 dirhams, no se hace nada. Si quieres ganar mucho dinero, no es aquí en Marruecos. Aquí no ganas nada. Yo quiero ir al país al que gane mucho dinero y cuidar a mi madre y a mi hermano y poder casarme. - ¿Con una española? No me contesta - ¿Con una marroquí? Tampoco contesta. - ¿Eso no te importa?- pregunto. - No. Y después de un instante, mientras escancia el té a medio metro de altura sobre los vasos: - Todos los árabes hacen el té- me dice. - Sí. Ya no hay tanto ruido en la habitación. Logro distinguir las voces de la radio canaria. Hablan del "espectacular diseño de Calatrava en el auditorio de Tenerife". El entrevistado dice que "desgraciadamente" todavía no ha podido conocerlo. - ¿Esta es la primera vez que haces ese viaje en la patera?- pregunto - Sí. Busco mi oportunidad, y espero tener suerte, si muero... - ¿Si mueres? - No es un problema. - ¿Por qué? - Porque para mí, ¿qué muerte? Hay mucha gente que muere porque buscan, buscan.. - Sí. - Hay mucha gente muerta en el mar y hay mucha gente que llega a España y arreglan los papeles, es la suerte... - Pero también hay mucha gente – y aquí Mbark me interrumpe y me dice, come, come, y me alarga la bandeja con galletas de nata y yo agarro uno y continúo mi frase con Hassan:– también hay mucha gente que trata de quedarse aquí, busca un trabajo aquí y encuentra un trabajo aquí, ¿es verdad? - Yo busco pero no hay nada porque hay muchos trabajos para carpinteros o cosas así, pero yo no sé hacer nada de eso. Mbark, tirado en el suelo, empieza a proferir ruidos extraños para atraer la atención de su nieta de diez meses: "Uiiiiii eeeeeee", le dice. - ¿Y no quieres aprender? (me refiero a esos otros oficios). - No. - ¿Por qué? - Porque yo fui a la escuela hasta el octavo año. Al octavo año salí de la escuela y busqué trabajo porque mi padre era grande y la madre... Busqué trabajar porque mis padres no tenían, no podían... - ¿Cuántos años tenías cuando dejaste de estudiar? No me responde, creo que no me entiende. - ¿En qué año naciste? - Tengo 22, nací en 1984- (aunque entre 2005 y 1984, la diferencia máxima sea de 21 años) Al lado nuestro oímos "Mmmmmm". Es Mbark, que agarra por los brazos a la niña y la levanta. - ¿Cuándo saliste de la escuela? (quiero saber la edad) - Octavo año. - ¿Qué tipo de trabajo hiciste cuando saliste de la escuela? - Pintar, "la obra".. (lo dice en español) - Ah. - Y tu hermano, ¿es mayor o menor que tú? - Mayor, nació en 1981. "Je jeeeee", dice Mbark y la niña también se ríe: "je". "Aaaaaa, aaaaaaa" dice Mbark y empieza a copiar los ruidos de la niña a mayor volumen. Ella dice "mm" y Mbark repite "mmmmmmm" entusiasmado. - Y tu hermano, ¿no puede trabajar? - Sí, él ha trabajado cuidando jardines y eso, ... las cabras... en Guelmim. ¿Un día vienes conmigo a Guelmim y ves a mi hermano? - Sí. Y tras un breve silencio, pregunto: - ¿Has hablado con alguien para hacer la patera? (así es como se llama aquí al viaje en patera) - Sí. - ¿Ya diste el dinero? - No, ahora lo daré. - ¿Ahora? - Tengo que telefonear. - ¿Ya hablaste con la persona? - Sí. Al fin del mes 10 salgo. - ¿Y el dinero? - El dinero para la patera se da sobre el mar. El mar, aquí- y señala una parte de la mesa- la patera, aquí- y señala otra parte junto a la primera- la playa, la arena, ... el dinero lo das en ese momento, cuando subes a la patera, si tú mueres, nada, no tienes suerte, es así... - Pero sí hablaste con la persona que va a organizar la patera. - Sí, y lo conozco bien. - ¿Él viaja también? - No. - ¿Y sabes cuantos viajan en la patera? - 12, 13... 15 (cuenta en voz alta). Hay muchos jefes de patera que toman mucha gente, toman a 30... pero eso no es bueno. - ¿No en la tuya? - No. - ¿Estás seguro? - Sí. Cuando hay mucha gente sobre la patera, se rompe, pero 15, 11, no hay problema. Porque cuando cargas mucho la patera, el mar está así - y hace como si su mano de canto fuera un lado de la patera y con la otra mano indica el nivel del mar junto al borde superior de su mano. Sigue explicándome: - Hay mucha gente que sale en pateras con mucha gente, 30, 35, 36 y la patera se hunde. Pero con 15, la patera va así- y vuelve a representar con las manos la borda de la patera y el agua a menos altura. - ¿Sabes si vas a Fuerteventura? - No, a Las Palmas. - ¿Ahora todos van a Las Palmas? - Sí, Las Palmas, Fuerteventura, Lanzarote... Hay mucho control en Fuerteventura.... - Pero Las Palmas, ¿no es muy lejos? - Sí, y Fuerteventura está al lado de El Aaiún. Sí, los días tranquilos, cuando están trabajando sobre la mar, los pescadores pueden ver Fuerteventura. Mbark da palmas tirado en el suelo. "Eeeeeeeeee, salam maleikum.....eeeeeeeeeee" le dice a su nieta que se acerca a mí. La instruye para saludarme: - Hola- le digo a la niña en español. - Salam- le digo después, pero tampoco consigo más reacción que su mirada fija. Vuelvo con Hassan. - Yo no quiero decir cosas malas, pero si tú mueres, si Dios quiere que tú mueras en la patera, ¿no es peor para tu familia? - Sí. - Eso lo sabes, ¿no? - Sí. si yo muero, la familia, nada. Y después de un breve silencio, sigue: - Pero si yo trabajo en España, la familia, bien. Yo busco hablar en español. Quiero hablar en español. Alguien que hable español. Yo no entiendo, digo, ¿qué hablas? Yo quiero aprender. - Con la radio puedes aprender. - En la radio no hay nadie que repita los nombres ... yo conozco algún nombre.. algunos, por ejemplo: el agua, la comida, la casa, la patera, por favor, siéntate, vamos, eso ... Y quiero buscar... quiero buscar.... - ¿Tu familia sabe que quieres irte el mes 10? ¿Se lo dijiste? - Sí, yo voy con la patera y yo quiero ir a España, y mi tío B. me dijo, vete, sal. - ¿Y tu madre? - No, no quiere porque mi madre .... si un hijo se le muere, ... pero yo quiero intentar, voy a ir, ya está, es así, de el Aaiun, o de Agadir a Las Palmas. El mar es como el coche. Tú coges el coche y te vas a una ciudad lejos... y entras en la ciudad y llamas a la familia. ‘Mamá, mama, llegué a la ciudad’, y no hay molestia, no se preocupan si hay accidentes. Tú llamas cuando has terminado, así... y no les duele. - ¿Y no tienes miedo? - ¿Si me muero en el mar? - Sí. - No. Si me muero, me muero. Pero si entro en España, entro en España. Además, por la noche no ves nada,... - Pero desde aquí a Las Palmas son muchos kilómetros. Hacen falta muchos días, ¿no? - No, un día y medio de aquí a Las Palmas. Si sales ahora (es el mediodía) llegas mañana por la mañana. Son 24 horas para Las Palmas. - ¿Y para Fuerteventura? - 12 horas... 13horas.... está al lado de El Aaiún, pero Las Palmas está lejos, así es... - ¿Sabes que la Guarda Civil Española, si te ven, te mandan a Nador? - Si, yo sé eso. Pero el chofer de la patera entra por la noche ... no con el sol, solo en la noche para que la policía no le vea.... - Pero hay un radar, ¿lo sabes? - Sí, lo sé, lo sé. - Por la noche, con el radar, pueden saber que ustedes están ahí. - Sí, es verdad, está el radar, hay un montón de cosas, las motoras en el mar, la zodiac, la policía... - ¿Por qué te dice tu tío que vayas? - Él quiere que yo vaya a Europa a trabajar, ha dicho, vete, vete y busca trabajo. - ¿Él cree que no lo vas a encontrar en Marruecos? - Sí, y porque yo soy joven y busco trabajo en Marruecos y solo hay en la obra, y no hay nada... - Pero en España vas a trabajar también en la obra... - Sí, la obra, y el hotel, y para cuidar cabras... hay muchas cosas, si haces los papeles, buscas un buen lugar... - Pero es difícil hacer los papeles, ¿lo sabes? Hay que quedarse 3, 4 o 5 años.. - Sí, lo sé, pero es cuestión de suerte. Pueden ser 2, pueden ser 5 años... yo lo sé, es cuestión de suerte. - Tendrás que esconderte de la policía cuando llegues. - Sí, ya lo sé, por eso cuando llegue voy a buscar un lugar lejos de la ciudad, porque en la ciudad hay mucha policía.... Este es el último pedazo de conversación que guardo grabado: - Tengo muchos vecinos de Guelmim que están en España, me dicen por teléfono que vaya con ellos, así que al fin del mes 10 voy para allá. ¿Al fin de octubre vas a estar en España?- me pregunta. - No estoy seguro, tal vez, pero si yo no estoy entonces, estaré al principio de noviembre. - Yo me voy al fin de octubre.
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Bautizo de aknari (tunos)

Hoy iba a ser el día en que me metería en la piel del sbouyano. Mi amigo Hassan, de 23 años y habitual de los aknari (tunos), me había prometido que me dejaría acompañarlo al trabajo al día siguiente. A las diez de la mañana en casa, me había dicho, y a las diez lo encontré en el centro del pueblo cuando yo iba de camino a su casa. - Espera aquí- me dijo. Esperé y al momento apareció su prima de 22 años con su bebé de diez meses. Los cuatro nos subimos en la guagua de Sidi Ifni que ya estaba esperando frente a la cafetería y que pasaba por el campo en que íbamos a trabajar. Yo no entendía bien la presencia de la prima de Hassan, y menos la de su bebé. A cinco kilómetros de Tleta Sbouya, Hassan nos indicó que bajáramos. Nos separamos de la carretera y comenzamos a subir la ladera derecha del monte. A media subida nos encontramos con Mbark, el tío de Hassan, y su hijo Mustapha al lado de un burro cargado de cajas de aknaris (cada una de 40 kilos). Iban a depositarlas junto a la carretera para cuando el camión llegase. Ese día llenaron veinte cajas, es decir, 800 kilos y entre 800 y 1.000 dirhams (80 y 100 euros). Quinientos metros por encima de la carretera encontramos la casa de Absalun, un hombre de un metro setenta y cinco, extremadamente delgado y con bigote. Unos 35 años. Por lo que supe después, era como un hijo de Mbark sin serlo. Por lo que supe después también, trabajaba como guardián de una escuela cercana. Absalun y Hassan se intercambian dos minutos de saludos (¿todo bien? ¿La familia, bien? ¿La vida, bien? ¿Tal persona de tu familia, bien? ¿Esta otra persona de tu familia, bien?). Aquí, cuanto mejor se conoce a alguien, más largo es el saludo: hay más gente sobre la que preguntar. Absalun vive solo en su casa sobre la colina. Es la primera casa de Sbouya en la que veo sillones. Duros como piedras pero sillones al fin. Siguen la línea de las paredes, en forma de U. Sobre ellos, una foto del rey Mohamed VI. Absalun juega con una radio de pilas. La conecta y me la alcanza riéndose. Es una emisora canaria y se escucha igual de bien que en la cocina de mi casa en La Laguna. Absalun sabe perfectamente quién es Zapatero y quién es Aznar. El primero le gusta. También sabe que la mayoría de los españoles mostró su desacuerdo por la participación en la guerra de Irak. Tomamos té y comemos galletas con nata y manises. Después, almorzamos un plato de huevos duros, pollos, papas, zanahorias y especias. - Todo Sbouya es tranquilo, no te molesta nadie- me dice Hassan. - Sí, toda Sbouya está bien, es tranquila- respondo. - No, no- interviene Mbark- no todos, a los jóvenes, no hay que tenerles confianza, la gente de 30, de 40, sí puedes confiar,... - Pero tambén hay jóvenes tranquilos- se queja Hassan. - Puede que sí, puede que no, hay algunos que sí.. -dice Mbark. - Hay muchos jóvenes que son bien, pero hay muchos que hacen zigzag- responde Hassan. Hacer zigzag aquí es una forma de decir que no son claros, que ocultan algo. Cuando se van las mujeres, después de almorzar, seguimos tomando té en el patio. Me pregunto cuándo vamos a trabajar con los tunos. Mbark y Absalun fuman de una pipa. Absalun me invita para que me quede a dormir en su casa cuando quiera. Dice que tengo aspecto de marroquí. Pido permiso para sacar la cámara y tomo una foto de Absalun comiendo una galleta de nata y estirando la pierna derecha sobre la rodilla izquierda. También fotografió a Mbark, encendiendo y fumando de la pipa con las piernas cruzadas. Y a Mustapha, el hijo de 15 años de Mbark. De repente, Absalun se levanta corriendo y vuelve con un turbante y una derraá azul que me pide me ponga. Obedezco. Él arregla el turbante en mi cabeza y me saca una foto con mi cámara. Luego trae unas gafas de cristales verdes y un trapo blanco de cocina. Se quita el cinturón y lo utiliza como cinta para fijar el trapo a mi cabeza. Me pone las gafas. Soy un saudí, dice y me saca otra foto. Luego trae la chaqueta de un traje, una gorra del ejército español y una estaca. Soy un talibán, y ahí va otra foto. Después de la sesión de fotos y del quinto té, a eso de las tres, tres y media de la tarde, me anuncian que vamos a recoger tunos por fin. Me encasquetan un gorro de paja, me alcanzan un guante de plástico que estaba tirado al sol y que es puro fuego sobre mi mano derecha y me prestan un cubo que sostengo con la izquierda. Los tunos hay que arrancarlos con un pequeño giro y una leve presión hacia fuera. Es peligroso tenerlos a barlovento en ese momento porque cuando el tuno siente que lo arrancan descarga unos cuantos pinchos de defensa (aquí, shuk, por su trascripción fonética). Si no nos ponemos de espaldas al viento, es fácil que los shuk terminen en nuestros ojos, algo de cuyas consecuencias aún no me he enterado. Por mucho guante y muchas mangas largas que uno lleve, los shuks terminan incrustándose por todo el cuerpo. Si bien son molestos, no son peligrosos. Un par de días y un par de duchas terminan de llevarse los que superaron la primera criba con las pinzas que aquí todo el mundo lleva colgadas del cuello. Brazo de Mbark después de un día de trabajo con los tunos y los shuks. Después de la foto obligada recogiendo tunos con la derraá puesta me anuncian que ya está bien, que regresamos a Tleta Sbouya. Entiendo que no he habido hacerme entender. Yo quería sufrir los rigores de un día de recolección para entender mejor la vida de un joven sbouyano y todo lo que he conseguido ha sido tomar té y comer. Mbark y yo caminamos hacia Tleta Sbouya por la carretera con la esperanza de encontrarnos con la guagua durante nuestra marcha. Si no llega, tampoco es tan grave: son solo cinco kilómetros. Aparece después de diez minutos. Mbark insiste en pagar también mi pasaje pero consigo adelantarme.
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31 agosto 2005

Entrevista a Abderrahman Saika (y III)

- Los universitarios emigrantes ¿cómo pagan su viaje? Porque por lo que he entendido, los jóvenes lo reunen recogiendo tunos.. - Pues consiguen el dinero de los familiares, cien dirhams por un lado, cien por otro... y así reúnen el dinero para viajar , - ¿Nadie intenta desanimarlos? - La vida es lo que les anima a irse, a buscar un lugar donde puedan vivir con más derechos. - Pues allí van a ser ilegales... - Eso solo los primeros años. Ellos pueden ser pacientes hasta 3, 4 o 5 años, - ¿Todos saben que no serán bien tratados? - Sí, y eso está aceptado. Mi tío estuvo seis años sin papeles hasta que se casó con una mujer de allí. Esa es otra idea común: llegar allí y casarse con alguien de allí y entonces llegan los papeles. Pero lo importante es llegar allí y tener una oportunidad, si se quedan aquí, no van a tener una oportunidad. - ¿Los padres suelen saber que los chicos viajan? - Algunos lo saben sí, y como saben que otros chicos ya fueron a España y encontraron trabajo, entienden que sus chicos quieran tener su vida allí, trabajar, tener dinero y volver cada año y traer un coche, hacer una casa, que es fácil en Marruecos con la divisa tan fuerte como el euro. Se pueden quedar 5 o 6 años en España y convivir con más gente allí para compartir el gasto de alquiler y ahorrar para cuando vuelven a los cinco años. Con 30 mil euros compran una casa aquí. - Y cuando ocurre una tragedia como la de marzo en que cinco chicos de la zona murieron, ¿cambia la idea que los padres tienen sobre la emigración en patera? - A los chicos no hay nada que los pare. Los padres pueden decir no, pero los chicos tomarán su propia decisión de cualquier modo, ¿qué harías tú?
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Entrevista a Stacy Sabraw

Stacy Sabraw es una estadounidense de 38 años que llegó a Sbouya en 2003, como voluntaria de los Peace Corps de Estados Unidos. Hace un trabajo de educación sanitaria materno-infantil. - ¿Por qué crees que es tan común el fenómeno de la emigración clandestina en Sbouya? - Yo veo la vida diaria de los jóvenes de esta comunidad y la verdad es que no me sorprende que la emigración sea la alternativa. Hay pocas o ninguna actividad para los jóvenes que no sea trabajar, y el trabajo es poco en esta área así que ¿qué es lo que pueden hacer? Pueden participar en la mezquita, pero eso solo se lleva parte de sus días. Luego no hay organizaciones de jóvenes, aparte de Les Chemins Culturelles, que por cierto organizaron al principio de este verano el torneo de fútbol, una idea muy buena porque era una excusa para que vinieran los jóvenes del área. Yo creo que ese es el tipo de cosas que tiene que ocurrir y que desgraciadamente no ocurren porque ellos tienen que sentir que hay algo para hacer. El rol social La otra cosa es que los roles en esta sociedad están muy definidos. Si eres un hombre, tienes que tener una familia y un trabajo para mantener a tu familia. La familia es el número uno en importancia en esta sociedad. Me atrevería a decir que casi por encima de la religión, así que si no puedes tener un trabajo para así tener una familia, tu valor es cero y este es el mensaje que los jóvenes reciben en esta sociedad. No hay sensación de logro por otros caminos que no sean esos. Fuentes de sentido Nosotros pusimos un anuncio en el almacén del pueblo diciendo que este verano íbamos a tener un club de inglés, que iba a ser gratis, una vez por semana... Bueno. Tres personas se apuntaron, y eso que este es un lugar al que todo el mundo viene en el día de mercado (el martes). Así que las razones pueden ser: o que no quieren tener el tiempo programado y atado o que las clases de inglés no valen su tiempo. De modo que ¿dónde están las fuentes de sentido para ellos? El sentido aquí viene del trabajo y viene de la familia, así que si no pueden acceder a ninguno de los dos, ¿qué hacen? Además, tampoco tienen que ocuparse de las cosas de la casa que es el trabajo de las hijas... Tiempo libre Si están desempleados a lo mejor su padre también está desempleado así que ni siquiera pueden ir y ayudar a su padre en el trabajo. Ni siquiera sé qué hacen en su tiempo libre... duermen un montón... se levantan, van a encontrarse con los otros amigos desempleados, se quedan hablando horas y horas bajo un árbol sobre problemas sociales, políticos o sobre la chica linda que pasa por ahí... lo que sea, pero la cuestión es que nadie les enseña las alternativas locales. - ¿Y por qué a Canarias? - Me gustaría saber cómo empezó la moda aquí, por qué empezó esta emigración específica hacia las Islas Canarias. Parece ser la alternativa popular aquí, no sé de dónde viene pero a veces lo único que hace falta es que empiece uno y que regrese a Sbouya para que todo el mundo empiece a seguirlo. ¿Qué piensa el resto de la comunidad acerca de la emigración clandestina de los jóvenes? Cinco chicos de esta comunidad (por el sector de Sbouya), murieron en un bote este año y estoy segura de que no es el único grupo de chicos de esta comunidad al que le ha ocurrido eso. Y es como si la comunidad no cogiera esta tragedia y la utilizara para educar a sus niños para que no se vayan. No interferir en el destino de los hijos Porque aquí existe un poco esa cosa de no interferir en el destino de cada uno. Tú decides tu vida. Si quieres ir a la escuela, vas a la escuela; si no quieres ir, no vas. Es tu elección... En América (por Estados Unidos) no sería así, ‘¿No quieres ir a la escuela? Todavía estás en mi casa así que vas a la escuela, eres un niño y vas a la escuela’ Es una mentalidad diferente. - ¿Qué creen que se van a encontrar en Canarias? - La idea es que si llegas a España, tendrás trabajo, tendrás dinero, tendrás un propósito en la vida y entonces podrás tener una familia y entonces te sentirás realizado. Así es cómo ellos lo ven. Desde que estoy aquí, todo el mundo me dice ‘llévame contigo a América’ y lo dicen más en serio de lo que parece. Porque ellos ven América, y por lo que ellos oyen de las noticias que llegan aquí, es el lugar dorado para las oportunidades. Si van a América, ya está. Hay trabajos para todos, hay dinero saliendo de las ventanas... es el lugar al que hay que ir. Al sueño por los aknari Y la cosa es que todo el mundo necesita ayuda. Todo el mundo necesita un sentido de lo que es posible y yo me sigo preguntando ‘¿quién está alimentando el sueño de España aquí?’ Porque el sueño de la gente de aquí es este: ‘voy a trabajar con los tunos (aknari), voy a conseguir mi dinero y me voy a ir, tengo que intentarlo al menos una vez’ - ¿Qué perfiles son más comunes para la emigración clandestina? - Y la otra cosa interesante es que no siempre son chicos que terminan la secundaria y se ven encerrados en su comunidad agrícola sin nada que hacer... hay gente que ha tenido más oportunidades que el joven medio de esta zona y aún así deciden irse, gente con nivel universitario. Entre estos cinco chicos que murieron ahogados hace unos meses, había un universitario amigo de Abderrahman (el novio de Stacy). Con mucho trabajo se las había arreglado para llegar a la universidad, y la universidad le demostró que no tenía derechos.
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Faire la patera

Después de charlar con Ali bajé al mercado, como llaman a la calle central del pueblo, donde Swailim tiene su tienda y donde paran los Land Rover para comprar antes de seguir camino. Me senté en el puente de cemento sobre el cauce del arroyo seco. Eran entre las seis y las siete de la tarde. Mustapha, Tajar y Absalun se acercaron a mí. - ¿Cómo está, jefe? Mustapha me saludó en español desde lejos y antes de que yo me presentara. Todo el mundo debe de saber quién soy. Mustapha ya fue a Canarias. Interceptaron su patera y lo devolvieron a Marruecos después de unos días en Barranco Seco. Pero le dio tiempo para aprender esa frase. La repite delante de todos. - ¿Cómo está, jefe?

Mustapha en la calle central de Sbouya, sobre el puente. Como llevo la cámara y como saben que esta tarde he estado sacando fotos del pueblo, Mustapha y Tajar me piden una. Se colocan en poses y se burlan unos de otros. Yo hago las fotos. Soy la atracción del momento. Se sientan a mi derecha y a mi izquierda.

Absalun, que habla francés mejor que sus amigos, se gana mi atención. Él todavía no lo ha intentado la patera, me dice. Tajar, con un bigote que parece de pelusa, es el que menos habla de los tres. Tampoco ha hecho la patera todavía. Cuando hablan en francés, así es como llaman aquí al viaje hacia Canarias: "faire la patera".

Tajar..

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Ali y el musulmán del campo

- ¿Cómo está la vida?

No es la primera vez que me interpelan en español. Había salido de mi casa por la única calle asfaltada de Tleta Sbouya y bajaba a la tienda de Swailim para comprar leche. Me giro hacia la persona que me llama:

- ¿Usted habla español?- le digo. - ¿Cómo está la vida? - Bien gracias, ¿y usted? - Claro. Así fue como conocí a Ali hoy miércoles 31 de agosto. Vestido con derraá (el traje típico del Sahara) y turbante, me miraba con insistencia tras unas gafas de gruesos cristales. Me miraba con un solo ojo. El izquierdo tenía un color azulado, como si estuviera muerto. En la puerta de lo que luego descubrí que era su cafetería me explica que aprendió español en Ifni, con los españoles. Me invita a un té. Acepto. En la cafetería de treinta metros cuadrados hay dos mesas, dos bancos de madera y dos sillas. En el suelo, cuatro bidones de 20 litros de agua cada uno forrados con tela de saco y tres esterillas amontonadas contra la esquina. En un mostrador con la división en medio, doce botellas pequeñas de Coca-Cola cubiertas de polvo, una tetera de cinco litros y una balanza antigua, de esas con pesos. En la pared tras el mostrador, la foto de unos cantantes árabes que bien podrían ser el equivalente a Ana Belén y Víctor Manuel, cuatro teteras de hierro verdes y rojas colgadas y un espejo del tamaño de una cara. Ali me ofrece el banco de madera mientras prepara el té. - ¿Cómo se llama usted?- le pregunto. - ¿Eh? - Usted, ¿cómo se llama? - Ali. - Yo, Francisco. - ¿Francisco? - Sí. - Sí, bueno, yo, Ali. - Yo soy periodista, sajafi, journaliste. - Claro. Se mueve despacio detrás del mostrador. Le veo inclinar la tetera apoyándola en su antebrazo para soportar el peso. Se acerca a mí con su carné de identidad. Me lo enseña. Compruebo que nació en Sidi Ifni y el año. - Ah, usted nació en 1942. Mi padre nació en 1938- y como veo que no figura el mes- ¿no sabe qué día nació usted? - Claro. Pero no lo sabe. Si no me hubiera enseñado el carné, le habría calculado 75 y no 63 años como tiene. - ¿Por qué vino a Sbouya? - Aquí, niños míos aquí. Me trae una bandeja con los vasos y el té ya preparado. Al lado, tres piedras de azúcar que separó de un pan de azúcar. Me señala y señala luego a la tetera, como para que me encargue. - ¿Sirvo yo el té? - Sí. Introduzco las piedras de azúcar. Trato de agarrar el asa de la tetera. Me quema. - Pero está muy caliente- me quejo. - ¿Caliente? - Sí. - ¿Caliente mucho? - Sí. - ¿Tiene otra cosa para agarrar? - Sí- dice y me pasa un papel de periódico viejo. Lo doblo tantas veces como puedo y sirvo el té alargando el chorro como si fuera sidra asturiana. Entra un parroquiano quemado por el sol, un metro sesenta, delgado como un niño y con los dientes como estalactitas negras, amarillas y blancas. Se sienta en la única mesa libre y comienza a encenderse cigarros. - Musulmán del campo- dice Ali refiriéndose al recién llegado con quien empieza a hablar en árabe mientras yo sirvo el te desde lo alto. El musulmán del campo conecta una radio a pilas. Ali me pregunta: - ¿Usted sabe manera del té? - No. - Gracias, sí –me dice cuando le sirvo- bueno, sí, manera del té, muchas gracias... ¿Stacy sabe manera del té? (Stacy es la cooperante estadounidense que lleva en Tleta desde 2003) - Sí, ella sabe- le digo. En la radio suena una música repetitiva, un coro. Tomamos té en silencio hasta que le pregunto: - ¿Tiene hijos usted? - Sí, claro. - ¿En Sbouya? - Sbouya, sí - ¿Sus hijos? - Sí... Y tras otro pequeño silencio, vuelvo a la carga: - ¿Esto es una cafetería? - Claro. El musulmán del campo termina con gran estrépito el té que le he servido y dice: - Guaaau...- y se pone de pie para traerme el vaso vacío asintiendo con la cabeza. Ali dice: - Número uno...- me felicita por el té. Por fin, el musulmán del campo le pregunta: - ¿Spagnoli? (trascripción fonética) - Sí, spganoli- responde Ali. El musulmán del campo le pregunta si hablo árabe. - ¿Tú no sabes arabia?- me traduce Ali. - No, no- respondo. - Claro- dice Ali. Hablan en árabe durante unos cinco minutos. El musulmán del campo se levanta como para irse. Me mira y dice, en español: - Mucho gracias. - De nada- respondo y sirvo otro té para Ali. - ¿Él es su hijo?- le pregunto a Ali. - Claro. - No, no- dice el musulmán del campo que por lo que parece entiende algo de español. - No, no- dice Ali. - ¿Amigo?- digo yo. - Sí, amigos de la vida, claro- dice Ali. Y en seguida añade riéndose: - Tú tinto (y señala al musulmán del campo que en verdad está bastante tostado), yo blanco (y se señala a sí mismo). - Pero la vida es igual...- dice también. - ¿Tú sabes manera de la vida?- me pregunta Ali. - ¿Cómo es? - Negro, trabajo.. - ¿Negro por el trabajo? El musulmán del campo entiende esa palabra. Interviene: - Trabajo, Maroc, no, no. Después de una breve conversación entre ellos, Ali vuelve a dirigirse a mí: - ¿Sabe manera?- me dice. - ¿De qué? - De agua de vino... - ¿De beber vino? - Claro, ¿tú sabes manera de vino? - Sí, - Él ... - ¿Él bebe?- pregunto. - Claro, ¿no sabes manera del vino? - ¿Cómo? - Y la mujer... mucho vino, tranquilo... ¿tú sabes? - No entiendo. - ¿No entiende? - No, no entiendo. Ante mi obstinada incomprensión, Ali se rinde. - ¿Más té?- dice - No, ya está bien - Claro, tranquilo.. - Muy tranquilo- dice el musulmán del campo mientras vuelve a conectar la radio que en algún momento había apagado. - Yo una vida mala- dice Ali. - ¿Por qué? - Sí, tenía el azúcar. Y después: - Tú sabes manera, la vida de azúcar, todo, la vida... - Ah. - Claro- dice Y el té nos lo hemos tomado con tres piedras de azúcar del tamaño de tres limones. - Y chapar nada- sigue Ali, mientras estira el brazo derecho hacia delante con la palma abierta hacia delante también, en un gesto que solo puedo interpretar de un modo. - ¿Nada? - Nada. El musulmán del campo interviene: - Whisky marocain- dice y señala su vaso de té. - ¿Usted vive aquí?- le pregunto a Ali. - No, en la casa... en la casa. - Sukran (trascripción fonética de gracias en árabe marroquí)- dice el musulmán del campo, deja el vaso sobre la bandeja. - ¿Usted tiene hijos?- vuelvo a intentarlo. - Sí. - ¿Cuántos hijos? - ¿Hijos de qué? - Hijos, hijos.. - ¿Hijos de mí? - Sí. - Ah, tranquilos, tranquilos... La voz se le ahoga en cada palabra, como si le faltara el aire. El otro se va. Yo me voy también. Claro.

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Mahmud habla español

Abderrahman y yo regresamos con los huevos y el refresco y en una de las casas que hay frente a la mía nos encontramos con Mahmud, el anciano padre (84 años) de Hassan y de Swailim. Mahmud, Hassan y Swailim, cada uno tiene su propia tienda de provisiones. De los cuatro o cinco establecimientos de Tleta Sbouya, tres pertenecen a esta familia. Mahmud está sentado sobre el escalón, con las piernas flexionadas y las rodillas en alto. Tiene un turbante blanco, derraá gris y gafas de cristales verdes oscuros. Cuando se entera de que soy español, me cuenta que formó parte de la guardia personal de Franco. Vivió ocho años en España y en Canarias (así lo dice él). Para confirmarlo, enumera: Maspalomas, Jinámar, Güemes, Barcelona, Jerez de la Frontera, Cádiz, Zaragoza. Cada vez que no entiendo algo de un español que hace más de cuarenta años dejó de necesitar, dibuja un croquis con el bastón sobre el suelo arenoso. Como si eso pudiera ayudarme. También estuvo 20 meses en Guinea Ecuatorial. - Muy malo. Mucha enfermedade. Y para terminar: - En Marruecos, bien, ahora bien. Ahora no guerra. Bien.
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Dientes como perlas

Tras la visita a la cooperativa Aknari, Abderrahman y yo vamos a la tienda de Hassan para comprar huevos y coca cola. Un niño de 13 o 14 años sentado sobre los sacos de sémola se encarama sobre otros sacos apilados contra la pared y saca una botella de cristal de Coca-Cola de una caja a más de dos metros de altura. Hassan le pide a Abderrahman que consulte él mismo el precio del Marlboro suelto que le vende. Están en una lista clavada en la estantería. También compramos huevos para revolverlos en una sartén con un buen puñado de especias. En Europa, Hassan sería considerado de raza negra sin más matices. Aquí no me atrevo a asegurarlo. Parece que no tiene paletas superiores. Si las tiene, están muy escondidas. Deben de estar gastadas, como ya he visto tantas veces aquí. Me pregunto a qué se debe la mala salud dental de tantos marroquíes varones. Las explicaciones que se me ocurren, probablemente injustas, son: 1. Su afición a los cigarros. 2. Su afición al té, extraordinariamente azucarado 3. Su poca afición a limpiarlos (esta es una conclusión arriesgada que he sacado de conversaciones con Stacy y Abderrahman, aunque no la he comprobado personalmente). O tal vez la única diferencia sea que en España y en los otros países que he conocido la gente puede y quiere pagar implantes o dentaduras postizas. Pero no termino de creer que sea eso.
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Entrevista a Achahour Kaltouma

Me cuenta Achahour Kaltouma que en Sbouya no hay industria y que los jóvenes que están educados no encuentran un modo de hacer un proyecto. Pero ella cree que siempre hay otras cosas: “Hay gentes que hacen pequeños proyectos y que no se van. Lo que pasa también es que muchos que estudiaron no aceptan trabajos que no estén de acuerdo con sus estudios, y yo creo que eso está mal. Yo trabajé con mi padre en su comercio tres años, por ejemplo, y no estudié para eso.” Achahour recuerda los cinco años de sequía que vivió Sbouya durante los cuales los hombres tuvieron que salir en busca de trabajo y dejar a las mujeres con los niños y sin recursos: “El joven de ahora emigra porque no quiere hacerle eso a su familia cuando le toque, quiere tener dinero para comprar las cosas para los niños, para el colegio, y sobre todo cuando ve a los que regresan con dinero, entonces quiere repetirlo. Cuando el padre ha muerto y ha dejado a la mujer viuda con cuatro o cinco hijos, los niños van a pensar toda su vida en ‘preparar el porvenir’ para no repetir lo que su padre hizo.” - ¿Qué opina de la emigración de Sbouya hacia las Islas Canarias? - Sí fuera legal, me parecería bien. Como clandestino creo que no es buena idea. Yo siempre digo que el que busca encuentra. Si buscan aquí, van a encontrar. - ¿Por qué no como clandestinos? - Porque no es justo. Se llevan a ellos mismos, se exponen ellos mismos. Con 20, 23, o 24 años y muertos... no es justo para ellos mismos. El Corán dice que no hay que arriesgar la vida. Es verdad que está escrito “si Dios quiere” pero también está escrito que hay que hacer todo lo que se pueda hacer, buscar todas las soluciones posibles pero no arriesgar la vida. Un joven de 20 años, ¿tú crees que ha buscado por todos lados? - ¿Dónde podrían buscar? - Podrían buscar en otras ciudades, como obreros de la construcción, como pesca, en el comercio de ropas, de zapatos... - Pero nadie se va por hambre.. - En Marruecos el vecino va a ayudar al que no puede comer. - ¿Cuántos cree que se van por verdadera necesidad? - Yo te diría que a lo mejor un 50% sí necesita emigrar. Pero hay otro 50% que tiene cosas que hacer, un comercio o cosas, que no necesita emigrar pero a pesar de todo quiere salir.
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Campaña de alfabetización

Treinta de las treinta y cinco socias de la cooperativa no saben leer. Para ellas han programado una campaña de alfabetización en asociación con la Unión Europea y la Agencia de Desarrollo Social de Marruecos. Veinte meses de campaña que comenzarán el próximo diciembre y tras los cuales “se espera que el 60% de esas treinta aprendan a leer y a escribir”. De las cinco que sí saben, hay una licenciada en Derecho, otra con nivel de bachillerato y tres que saben escribir y un poco de francés. Achahour Kaltouma, la directora, estudió dos años de Biología y Geología en la universidad pública de Agadir pero lo dejó y se fue a una escuela privada de la misma ciudad para estudiar análisis y programación que, pese al título, es una escuela para aprender a “clasificar información y meterla en el ordenador”.
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Achahour Kaltouma

Achahour Kaltouma es la directora de la Cooperative Femenine Aknari. Es la única que trabaja en ella sin ser además miembro de la cooperativa. Es pequeña, se cubre el pelo con un pañuelo negro y, como muchas mujeres en este país, habla pausadamente. Por teléfono, mezcla francés y árabe con facilidad. Sobre la mesa tiene un ejemplar del diccionario de francés Le Robert, las páginas amarillas, el listín telefónico y las dos bandejas de plástico llenas de papeles que se pueden encontrar en cualquier oficina del mundo. En su despacho hay también dos armarios. Uno metálico con artículos de papelería, y otro de madera, con los bolsos de las mujeres que forman la cooperativa. Las puertas de este segundo armario, como la de su despacho y como la puerta desde la que se accede a la cooperativa, están abiertas. En cuanto a nuevas tecnologías, esto es lo que hay: 1. Un teléfono. 2. Un fax que ella emplea como fotocopiadora. 3. Un ordenador bastante reciente con la foto de un palmeral como fondo de pantalla. Por lo que me cuentan, es el único de Tleta y la directora permite que otras personas lo utilicen. 4. Una impresora. 5. Una calculadora. La directora enumera los otros proyectos promovidos (que no financiados) por la asociación civil Ait Ba Amrane (nombre de la zona que hoy comprende el Círculo administrativo de Sidi Ifni): el asfaltado de la carretera que une a Sbouya con Mesti en 1998, la donación de dos ambulancias (en una de ellas viajé ayer), y la creación, en 1999, de otra cooperativa femenina, esta vez para la extracción del aceite del Arguile (fruto del Argan) y en la vecina ciudad de Mesti. “Con la cooperativa, las mujeres que normalmente ya trabajaban en sus propios campos o en sus casas, obtienen ahora un dinero por su trabajo. No es como antes que trabajaban por nada. Aquí los horarios de trabajo son de 8,30 a 12 y de 14,30 a 18”. “En la cooperativa, una mujer es un voto por mucho que haya aportado en capital o en trabajo. La aportación de capital solo afecta a la hora de retirarse (hay que devolver esas partes). El salario que damos (40 dirhams al día, aprox. 4 euros) es un avance de los beneficios que se reparten a todas en función de las horas trabajadas, no en función de las partes que se hayan puesto. Si alguien pone varias partes, eso tampoco influye en su poder político.”

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Cooperative Femenine Aknari

La Cooperative Femenine Aknari de Tleta Sbouya cumplió un año de funcionamiento en agosto y ya no necesita a la Asociation Ait Ba Amrane, que la creó, ni el dinero de Oxfam Québec ni el de la Embajada de Canadá, los principales donantes. Se basta sola. En la entrada, junto a un cartel con el nombre del resto de donantes escrito a rotulador, hay un tablón de corcho cubierto por fotos del día de la inauguración. Hombres con traje, corbata y manos unidas al frente en posición de defensas ante un penalti; trabajadoras que sonríen y miran a la cámara, pañuelos blancos sobre la cabeza, batas blancas sobre los trajes tradicionales. Dos mujeres que rondan los veinte años de edad y visten pañuelos y batas blancas me hacen pasar al almacén y sala de etiquetado. Allí me sientan frente a una mesa metálica y reluciente, traen un plato con mermelada de dátiles, otro con mermelada de tunos (aknari) y un tercero con palmas de tunera en agua, sal y un ingrediente secreto, como la Coca-Cola, bromea una. Son los tres productos que venden por todo el país (“Tánger, Casablanca, Agadir, Tan-Tan...”) y que por ahora no exportan. Traen además tres cucharas de plástico para que las pruebe. Con una sonrisa tímida, esperan mi reacción. La de dátiles es puro dátil escachado, lo que a mi juicio es un logro. En la de tunos me desorienta un final salado que no entiendo en una mermelada. Las palmas de tunera cortadas en listas y condimentadas con agua, sal y un ingrediente secreto recuerdan en consistencia y sabor a los pepinillos de McDonald’s. - Muy bueno- digo, y para darle más credibilidad, añado:- sobre todo esta Vuelvo con mi cuchara sobre la mermelada de dátiles. Ellas sonríen, asienten y me animan para que siga comiendo.
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30 agosto 2005

Mercado de los martes

Tleta Sbouya le debe su nombre al mercado semanal que allí se celebra los martes (Tleta, en árabe, significa martes y también el número tres). Los compradores empiezan a llegar a lomos de su burro el lunes y se quedan en casa de un familiar. No es una precaución excesiva. El mercado comienza a las siete de la mañana del martes y, como mucho, dura hasta la una. Solo hay una carretera de asfalto y es la que une a Sbouya con Mesti y Sidi Ifni. El mercado trae a Tleta vendedores de frutas, carniceros que matan al pollo en el momento de la venta, cocineros que despachan comida tradicional, radios, linternas, alarmas... Los pequeños vendedores vienen en burro. Los grandes, en coche. Tiran todo al suelo, sobre plásticos, o sobre alfombras.
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Algunos datos de Sbouya

Por Stacy Sabraw he sabido que el mapa más reciente de la región de Sbouya es de 1977, es decir, de ocho años después de que España se fuera de Sidi Ifni (1969). Según ese mapa, la región comprende 365 km. cuadrados de aldeas y casas diseminadas con aproximadamente 6 mil habitantes. Tleta Sbouya, el pueblo donde he venido a vivir, es el corazón administrativo de la región pero no el lugar más poblado. Stacy cuenta que un año antes, cuando fue a preguntar el número de habitantes al funcionario responsable, éste hizo el cálculo delante de ella y le dijo: - Contigo, 111. Aún no sé si desde entonces ha habido algún nacimiento, alguna muerte o alguna mudanza pero lo más probable es que así haya ocurrido. Es una pena. Me habría encantado decir: - En Tleta Sbouya, conmigo, 112. En Tleta Sbouya hay:
  • Un zoco los martes.
  • Una tienda de ropa.
  • Una tienda de especias, comida seca y garbanzos.
  • Dos o tres peluqueros.
  • Escuela hasta los 15 años.
  • La única oficina de correos de la región.
  • Una clínica de salud (Sbitar).
  • Un Gobierno Local (Bureau o Commune Rurale)
  • Cuatro tiendas que venden de todo (la ‘venta’ de Canarias) y que abren todos los días.
  • Un carnicero.
  • Una persona que arregla radios y televisiones.
  • Un herrero que repara puertas, estructuras de motocicletas o soportes para cargar al burro.
  • Cuatro cafés en operaciones, aunque el nombre solo lo tengan tres.

En Tleta Sbouya hay también un horno de uso público a cambio de 30 dirhams (3 euros) mensuales. Los parroquianos compran la harina en el mercado, preparan la masa y la traen para que el panadero la hornee. El pueblo, y en general la región, vive de los aknari (tunos) o de la venta de cabras y ovejas.

EL CARNICERO DE SBOUYA PREPARA UN POLLO
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Té de las seis

Hassan tiene veintitrés años y en Tleta Sbouya vive con su tío Mbark. Vienen por los tres o cuatro meses de verano que dura la temporada del tuno (aknari, en el árabe marroquí), y a mediados de septiembre regresan a Guelmim, donde viven el resto del año. Hassan lleva una camisa sin mangas, una gorra con algo escrito en inglés y unos pantalones vaqueros. En la casa de Tleta Sbouya viven Mbark, su esposa y dos hijas, una de ellas viuda y madre a los 22 años. También, la hermana de Mbark y su hijo, Hassan. Hassan se sienta conmigo a la izquierda de la puerta de entrada de la habitación. Las mujeres, a la derecha. Me hablan en árabe mientras me alcanzan unos cojines. Señalan la pared y el suelo riendo y siguen hablándome en árabe. Sigo las instrucciones y quedo más alto que Hassan. Ellas asienten y sonríen. Hassan habla en francés conmigo y de vez en cuando suelta un ‘trabajo’ en español. No es la primera vez que oigo esa palabra. Media hora después de mi llegada, llegan el té, el pan, el aceite de oliva y el tío de Hassan, Mbark. - Come, come- Me dicen Mbark y las tres mujeres en árabe (trascripción fonética: cul, cul). Agarro un pedazo de pan y lo mojo en el plato con aceite. Todos sonríen complacidos. También Hassan.
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Sbouya, mi casa

Abdullah, mi casero, me espera en la que será mi casa de Tleta cuando llegamos. Arregla la puerta de madera, que no encaja en las bisagras, con un martillo y un destornillador. Abderrahman y su novia, Stacy Sabraw, nos invitan a almorzar a Abdullah y a mí. Stacy es una cooperante estadounidense, miembro de Peace Corps, que llegó a Tleta Sbouya en 2003. Trabaja en un programa de educación sanitaria para madres y niños. Stacy va a ser además mi vecina. Ella le alquila a Abdullah el apartamento de la planta baja. Mi casero es delgado, usa barba y ronda los cincuenta años. Abderrahman teme que a Abdullah le moleste sentarse a la mesa con Stacy. Pero no hay problema. Sentados en colchonetas, los cuatro metemos los dedos en el tajine de verduras que Stacy ha preparado. Después del almuerzo Abderrahman sube conmigo a la terraza para compartir tres horas de trabajo sacando tierra, bidones y piedras del dormitorio, cocina y baño de mi casa. EL BAÑO DE MI CASA. Tras una siesta que no duermo bajo a una de las cuatro tiendas del pueblo para comprar estropajo, fósforos y agua. Me encuentro con Hassan. Es el familiar de un amigo. Me invita a su casa y acepto.
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Regreso a Sbouya, capítulo dos

De la Kiada nos vamos a la carnicería. Compramos algo para el tajine y nos sentamos en un bar a esperar la guagua ayudados de una sombra y de una Coca-Cola. Pero la guagua no llega. El tiempo pasa lentamente en Mesti. Intentamos el autostop sin éxito. Al fin nos subimos en una guagua que no es la nuestra pero que nos acerca a un cruce más autoestopero. Treinta minutos más tarde tenemos suerte. Una ambulancia con un cartel que dice “Donación del Grupo Boluda” nos para. Me entero de que es la ambulancia para las emergencias de Sbouya. También me entero de que sus conductores vienen de dejar al Caid en Mesti.
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Regreso a Sbouya, capítulo uno

Hoy martes fue el día de regreso a Tleta Sbouya desde Guelmim. Hoy me daban las llaves de la que sería mi casa durante tres o cuatro semanas. Las combinaciones posibles para llegar a Tleta desde Guelmín son: Land Rover directo por camino de tierra: 20 dirhams. Hay que esperar a que el chófer llene el Land Rover antes de partir. Grand Taxi, que suele ser Mercedes, hasta Mesti (10 o 13 dirhams) y desde Mesti, enlace con la guagua que une Ifni con Sbouya (3 dirhams). Los conductores de Grand Taxi, como los de Land Rover, necesitan ver a sus clientes apretados antes de salir (4 en el sillón trasero y 2 delante, junto a él). Para que eso ocurra no suelen hacer falta más de veinte minutos. La guagua de Mesti a Sbouya se hace querer y pasa cada dos o tres horas. Mi amigo Abderrahman Saika, que me ha ayudado con alojamiento, traducciones y cariño, me acompaña. Optamos por la ruta de Mesti porque es allí donde está la Kiada de la que depende Sbouya. El segundo del Caid me dice que los datos socioeconómicos de Sbouya los tiene el Caid, que hoy está precisamente en Tleta Sbouya (hoy es día de mercado en Tleta). También le dice a Abderrahman que sabe quién soy. Que le llegó el fax y que no hay problema. Me preguntó quién se lo habrá enviado. Cuando me dieron la autorización en el Ministerio de Comunicaciones, ni siquiera yo sabía que algún día visitaría Mesti.
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29 agosto 2005

El Bachir y el destino

“En estos próximos meses no voy a hacer nada, no puedo hacer nada, ¿qué voy a hacer? Lo que quiera Dios haré. No sé cuándo lo intentaré de nuevo. Lo pienso, pero también me digo que si encuentro a alguien que pueda ayudarme para salir de aquí, que pueda mandarme un papel para hacer la visa, un contrato de trabajo... sería mejor.” “Porque lo de ilegal me mando todo entero y puedo vivir pero también puedo morir. Y no es que tenga miedo de morirme. Todo el mundo va a morir. Nadie va a quedar arriba de la tierra. Ninguno. Y ¿quién los va a matar? Dios. Cada uno con su día. Y yo estoy allí también. El día que va a terminar mi vida, entonces va a terminar. Si yo salgo con la patera y mi vida termina, pues termina.”

"Si yo salgo con la patera y mi vida termina, pues termina."

“¿Y esa gente que está pescando todos los días? ¿Que todos los días saca su comida del mar? Esa gente tiene que pescar en la patera para comer él y sus hijos todos los días... Y yo, nada, tres días, cuatro días y ya está.” ¿Qué piensan tus padres? Si yo me muero, ya saben que terminó mi edad. Y si tengo vida, es porque me da Dios más vida, y entonces tengo más vida. Nadie puede matarme. ¿Qué es lo que te gustaría hacer? Lo que quiero yo es trabajar allí y pasar dos meses o tres meses de vacaciones aquí, en Marruecos. “A mí me gusta viajar, en avión, en barco, en patera, en coche, en todo.”
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Entrevista a El Bachir

¿Cuándo empezaste a estar mejor en España que en Marruecos? ¿Cuándo te compraste el coche? Nooo, en Marruecos claro que también puedo comprar un coche pero lo que pasa es que nosotros lo único que queremos es ir a ver, ir a ver Europa, y si no sale la visa, entonces digo, pues voy en patera, y estoy allí, y así veo, si vuelvo, no importa... Entonces, ¿la gente no va por desesperación? Hay algunos, pero casi casi te diría que el dos o el tres por ciento son los que no tienen en su casa nada. Pero si tú trabajas en Marruecos, todo es barato. Con 50 dirhams al día me compro un montón de cosas. Y sin embargo muchos marroquíes dicen que en Maruecos no hay trabajo. Esos son las personas que no quieren trabajar las que dicen que no hay trabajo. Sí que hay trabajo. Aquí también hay la obra y te pagan 70 dirhams por día, al peón, el oficial cobra entre 100 dirhams y 120 dirhams. ¿Hay racismo en España? Sí que hay racismo en España. Hay gente que te trata diferente, dice, porque eres musulman, pero ¿qué le pasa? Sí, yo soy musulmán y tú eres católico, y ¿qué pasa? Cada uno tiene su religión, pero todos tienen cabeza, ojos, nariz, boca, comer, cagar, trabajar y vivir la vida hasta cuando uno se muere, ¿qué te vas a llevar cuando te mueras? Nada, no te vas a llevar nada.... Solo si haces cosas buenas con la persona y con Dios te llevas algo.
"...allí la gente sí dice 'moro' y cuando me dicen 'moro' yo le digo 'payo, ¿qué te pasa?'"
Pero en Marruecos no. Aquí, si vienes de turista, nadie es racista y dice 'este español de mierda'. Pero allí la gente sí dice 'moro' y cuando me dicen 'moro' yo le digo 'payo, ¿qué te pasa?'.
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Segundo viaje: tres días y dos ballenas

El día 14 de enero de 2005, cuatro meses después de su expulsión, El Bachir se embarca de nuevo en Boujdour, en las cercanías de El Aaiún. Son veinte los que salen en la patera hacia Gran Canaria. En el grupo van una mujer (la esposa del jefe de la patera) y tres niños. “En medio de una de las noches hemos visto una ballena. Primero yo vi su cabeza y le dije a un chico: ‘Mira, mira y cállate porque si toda la gente quiere mirar, volcamos’. Después de una hora, hora y cuarto, veo dos ballenas, iguales, que vienen para nosotros, fuuuuuuf y hace el agua piiiiiisssssch, en medio de la noche. Le digo a la ballena: ‘que vas a tirar esta patera’. Cogimos unas garrafas que teníamos, las llenamos de gasolina Súper y las tiramos delante de ellas. Cuando llegaban a la gasolina, la olían y se iban. Así dos veces y ya no vinieron más. Eran muy grandes, como un autobús grande.” ¿Por qué este segundo viaje a Gran Canaria? Yo no quería salir a Fuerteventura. Para mí, estaba más cerrada, más vigilada, y a mí el mar no me importa nada, no me hace nada. Es como pescar. Salgo riendo, hablando... Hasta cuando llegamos allí me dice la Guardia Civil: ‘es mentira, ustedes no pueden venir de la patera, vienen del barco que los dejó allí cerca’ y yo les juro que no, que llevamos tres días en el mar pero no me creen. Tres días en el mar, de noche, y de día.
"...a mí el mar no me importa nada, no me hace nada. Es como pescar. Salgo riendo, hablando... "
¿El patrón iba para quedarse o pensaba dar la vuelta? Al principio decía que iba a dejar a la mujer allí para volver, pero cuando se rompió el motor la primera vez y lo arreglamos, dijo que se iba a quedar también, que una vez en Gran Canaria íbamos a romper la patera para que se hundiera. “El último día la marea estaba subiendo y cuando el mar sube hay problemas. Un chico de mi patera dice ‘me voy a morir’ y llama a su familia en Fuerteventura para decirles que el agua está por arriba de la patera y que se va a morir.” “Pero no hay agua ni hay nada. Él solo tenía miedo. Yo fui el que llamó a la Guardia Civil porque se nos había estropeado el motor y no servía más y les dije ‘mire usted, que tengo una patera rota en medio del mar y ha entrado agua y va a bajar al fondo, tienen que ayudarnos por favor, estamos cerca de una fábrica de cemento así y así, con un faro arriba...” “El 17 hemos llegado a Gran Canaria. He salido en el periódico de allí mirando a la cámara, con los ojos blancos. Tengo una gorra, se ven solo mis ojos y la chaqueta de cuero.” “Esta vez estuve 36 días en el centro y me expulsaron a Marruecos. Si hubiera aguantado 4 días más, me dan libertad, pero con 36 te expulsan a tu país. Esta vez me mandaron en avión de Las Palmas a Melilla y de Melilla me hicieron pasar la frontera.”
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El Bachir regresa a casa

“Llegué a Beni Ensar, allí fui a la comisaría marroquí porque era expulsado. Si la comisaría marroquí no tiene problemas, te da la libertad. Salí de allí hacia Nador, compré cosas para mi familia. Salí para Tánger, tres días en Tánger porque también quería ver mi país. Casablanca, solo de paso y Guelmin a donde llegue el 25 de septiembre.” “En casa, tranquilamente, comer y dormir. Mis padres me mandan dinero para hacer vida nueva. En la casa, todo bien, todo rico, ... pero para mí.... ya no me gusta más aquí. Tengo que volver. Ya estoy perdido. Ya no me gusta aquí porque yo sé que allí también hay libertad para vivir.” “En España se puede hacer porvenir. Para fabricar un futuro bueno, para poder tener un coche bueno, una casa rica. Nosotros en mi familia, gracias a Dios todo eso lo tenemos, pero lo tengo de mi padre, no mío y mi padre tiene ocho hijos.”
"Quiero un montón de cosas, casa, dinero, vacaciones, vivir la vida, eso es."
“Yo tengo que hacer mi casa sola, quiero mujer, quiero coche, ¿entiendes? Quiero un montón de cosas, casa, dinero, vacaciones, vivir la vida, eso es. Tengo que tener una vida normal y corriente como todas las personas.” ¿Y en Marruecos no hay vida normal? Sí hay vida normal y corriente pero para mí ya no, para mí.... A mí me gusta un futuro rápido, ¿entiendes? Un futuro rápido, de tres o cuatro o cinco años para tener mi casa aquí buena, un negocio grande.... “Ahora lo único que tengo es lo invertido en el negocio de la ropa, que si me lo quiero comer, salgo ahora a Casablanca y vengo sin nada, porque yo tengo un agujero en la mano, no miro el dinero, me gustan mucho las vacaciones, el turismo, no me gusta quedarme en Guelmin toda la vida. Quiero mirar hasta América, ¿por qué no? Ir allí uno o dos meses y volver, como tú también y como el otro y el otro...” “Cada uno busca su vida, tiene que vivir una vida normal y corriente.”
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La expulsión

Después de casi tres años viviendo en España, El Bachir es expulsado a raíz de un encuentro con la policía en Murcia, donde había ido a trabajar recogiendo fruta. El 7 de septiembre de 2004 viaja en un barco rumbo a Beni Ensar (Nador), en las cercanías de Melilla. “Me cogieron en Murcia un domingo por la mañana. Yo estaba trabajando en la agricultura, en Huella del Campo. Eran las 9,30. Dos policías locales en la calle.” - Hola. - Hola. - Buenos días. - Buenos días. - Documentación. - No hay papeles. - ¿Qué tiene? - Nada. Un recurso. - Ya le han puesto denegado a este recurso. Tiene que salir con nosotros para la comisaría. - Pues yo no tengo tiempo. - No, no, tiene que venir. “Voy con ellos y me dicen que tengo que pasar a juicio al día siguiente y desde allí me mandan al centro de inmigrantes de Mazarrón. Pasé 22 días en el centro. Hay cuarenta chicas rumanas, una me quería comer y la verdad que me ha comido y todo, se llama Flores y tiene un montón de dinero, no sé de dónde lo saca pero la llevaron del club. Hay treinta marroquíes también en el centro. De Murcia a Almería en el coche de la policía. Somos tres, uno de la cárcel y otros dos que venimos del centro. De Almería en barco a Beni Ensar.”
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El Bachir, primer viaje

El Bachir. Hijo de Sbouya y vecino de Guelmin. Veinticuatro años y ya lleva dos travesías de patera en sus carnes, dos internamientos en centros para inmigrantes y dos pasajes pagados por el Estado Español hasta Nador. Segundo de ocho hermanos, El Bachir alcanzó a estudiar hasta los 15 años, edad a la que prefirió trabajar en el que entonces era el negocio de su padre: comercio de hierbabuena entre Casablanca a Francia. Cuatro años de conducir el camión y de vigilar a los empleados agotaron a El Bachir. Volvió a Guelmin y en un año y medio obtuvo el título de peluquero unisex, el permiso de conducir y el pasaporte. "Yo no quería trabajar más en Casablanca, desde las 4 de la tarde hasta las 11 de la mañana, era mucho trabajo, no quería más, aunque hubiera billetes, porque sí, sí que había billetes. Nosotros mandábamos hierbabuena a Francia a casi 5 euros cada paquete y lo comprábamos por 20 céntimos. En Casablanca, trabajando con mi padre, yo podía estar cobrando entre 100 y 150 dirhams al día (entre 10 y 15 euros, aprox.).” “Volví a Guelmine, arreglé las cosas, empecé con la peluquería pero 10 dirhams por cada cabeza es poco, no te compras nada... Así que después de obtener mi diploma L’Oreal en Casablanca, con una tabla y con un dinero que tenía compré un cargamento de ropa para mujeres y me puse a vender ropa en la calle.” “Un día un amigo vino a mi puesto, donde vendía ropa, y me dijo que en una semana salía una patera para Fuerteventura, que me fuera con ellos. Yo me dije, ¿por qué no? Como tenía el dinero, porque con el comercio de la ropa algo tenía siempre, una semana después, el 25 de septiembre de 2001, me embarcaba para Fuerteventura. La policía me detuvo pero yo dije que era menor y me escapé del centro porque no había vigilancia.” “En Fuerteventura y en Lanzarote tenía familia. Entre una isla y la otra pasé cien días en casa de mis familiares. Pero no conseguí trabajo. Busqué en la obra, busqué en un montón de cosas, hasta para mirar cabrasm pero nada... Porque yo no hablaba español y tampoco tenía la cara, así que me quedé con la familia.” “Entonces me fui a Tenerife con el primo de mi padre, que vivía en los Cristianos y era jefe de cocina de un restaurante italiano de Las Américas. Me quedé con él dos meses sin trabajar pero mi padre me mandaba siempre dinero desde Marruecos. Desde que estaba en Fuerteventura y durante esos primeros meses en Tenerife, mi padre siempre me mandó 25 mil pesetas, 40 mil pesetas...”
"...mi padre me mandaba siempre dinero desde Marruecos. Desde que estaba en Fuerteventura y durante esos primeros meses en Tenerife, mi padre siempre me mandó 25 mil pesetas, 40 mil pesetas..."
“A los dos meses de estar viviendo en Los Cristianos empecé a trabajar en una obra con un chico de Túnez, por el Amarilla Golf, por el Médano, por San Isidro, y ahí trabajaba en obras. No le importaba que no tuviera papeles pero me pagaba poco, 30 euros al día y trabajaba desde las 7 hasta las 5 de la tarde.” “Hay en San Isidro una barandilla blanca. Desde abajo, del río, hasta lo último de San Isidro para arriba. Le he hecho yo con el chico de Túnez. Él y yo hemos hecho esa barandilla de hierro con pintura blanca.” “Estuve cinco meses con él y cambié de trabajo para el restaurante donde al mesm y con el bote, sacaba unos 1.000 euros. No tuve problemas con la policía. Vino una vez pero salí corriendo desde fuera del restaurante para mi casa, recto al taxi. Dejé todo en el restaurante, salí por la puerta de atrás y no me vio nadie. Si no, tienen problemas ellos (los del restaurante) y yo.” “Compré un Citroen AX. Con los cinco meses que trabajé con el chico de Túnez en la obra, con 30 euros al día y sin gastar nada tenía dinero para eso. Además, una chica inglesa con la que vivía se ocupaba de todo, alquiler, comida, bebida, hasta la ropa me la compraba ella. Yo trabajaba y guardaba poco a poco lo que ganaba. Compré el coche por 1.000 euros con papeles a su nombre y el seguro a su nombre.... y allí yo conducía con el permiso de aquí (Marruecos) pero nunca me paró la policía. Casi siete meses tengo el coche y nunca me paró la policía. Ya cuando entré a trabajar en el restaurante empecé a mandar un poco de dinero a la familia.
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De gestiones y prejuicios

Hoy he acudido a la delegación del Ministerio de Planificación en Guelmín en busca de datos socioeconómicos de la región. Era el segundo organismo que visitaba. Había ido antes al ayuntamiento de Guelmim, vigilado por media decena de militares en la puerta en actitud de saludo amistoso. Allí entré en una habitación con una mesa y unas diez sillas (la mayoría, junto a la pared) y tantas personas como sillas. Los poseedores de las sillas más cercanas a la mesa se interesaron por mi problema que yo procuré reservar para el de máxima jerarquía que, supuse, sería el único que se sentaba al otro lado de la mesa. Él y tres más fueron los que me dijeron que me convenía la delegación del Ministerio de Planificación. DELEGACIÓN DEL MTERIO. DE PLANIFICACIÓN A la delegación llegué a las once y media. El responsable había salido. Para confirmarlo me enseñaron su lugar de trabajo: dos mesas y cuatro sillas. Nadie sobre ellas. Debía regresar en una hora, me dijeron, así que en una hora regresé y lo encontré. Tenía a dos personas con él. A juzgar por la forma en que lo trataban pensé que serían compañeros. Me escuchó. Se levantó y caminó al otro lado de la habitación. Abrió una gaveta y sacó un CD envuelto en plástico rígido. Me lo entregó: - Aquí está toda la información. Y así fue. En él estaba toda la información. Me acordé de la celeridad con que en el Ministerio de Comunicaciones, en Rabat, habían tramitado mi permiso para trabajar en el país: un día después de mi primera visita lo tenía en mi poder. El Consulado de Las Palmas había enviado una carta un mes antes pero no dejó de sorprenderme. Supongo que esperaba menos reflejos de la administración marroquí.
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28 agosto 2005

Entrevista a Abderrahman Saika (y II)

ABDERRAHMAN SAIKA — ¿Pensaste alguna vez en emigrar hacia las Islas Canarias? — Fue una idea cuando estaba en escuela primaria pero la olvidé cuando llegué a la secundaria. — ¿A qué edad? — Empecé a pensar en ello cuándo tenía 10 años, que las Islas Canarias podrían ser una salida para mí más adelante. — ¿Por qué lo pensaste? — Porque tenía a mis dos tíos, y a más gente de mi familia, que habían ido allí, y encontrado un trabajo, y decían que eran felices. Lo que pasó a muchos chicos de mi generación es que pensábamos en eso como nuestra única meta, nuestra única aspiración para el futuro. Y empezamos a soñar sobre eso, con los 400 euros que hacían falta para ir allí desde El Aaiun, Tarfaya o Tan-Tan, conseguir una barca con la que ir a España. Yo estaba pensando en esto. Había visto a mis tíos y a muchos miembros de mi familia que habían ido y que me decían que ese sitio era un infierno de oro, y que era bonito, y bla, bla, bla, así que pensaba hacerlo en el futuro. — Pero cambiaste de idea... — Más adelante me di cuenta de que cualquier lugar puede ser un lugar para trabajar, que en cualquier lugar puedo tener mis oportunidades. Así que primero trabajo para tener un título en este país. Me quiero hacer una posición en mi país. Hacerme legal primero en mi país, con un título universitario, y entonces buscaré una oportunidad para trabajar en mi país. Y si esa oportunidad en mi país no llega, entonces la idea de España vendrá hacia mí. Si yo estoy preparado pero mi país no hace nada por mí, entonces me habré ganado el derecho de dejar mi país. Entonces intentaré usar una forma legal de salir, y si me dicen que no, entonces voy a hacerlo de forma clandestina. Y me voy a sentir muy cómodo con esa decisión. Pero por ahora estoy estudiando y no tengo en absoluto lo de la inmigración clandestina en la cabeza. Pero vendrá a mí si consigo mi título en este país y no encuentro un trabajo. — ¿Cómo crees que va a ser tu vida si terminas entrando de forma clandestina en España? ¿Qué crees que podrás hacer? — Yo creo que Dios creo este mundo y puso el océano entre los continentes y que si yo no consigo mi oportunidad en una parte de este mundo, no me voy a quedar en esa parte. Voy a buscar mi oportunidad y tal vez mi oportunidad esté en otro lugar. No creo que haya nadie en esta tierra que pueda obligarme a quedarme en un lugar. Yo siento que tengo mi libertad y si no tengo esa libertad porque tengo que quedarme forzosamente en un país, eso, eso no lo puedo aceptar. Voy a ir a la frontera y voy a salir cómo sea porque, ¿por qué tengo que quedarme en un lugar si en él no tengo oportunidades? No me voy a quedar en un país en el que no tengo mi libertad para trabajar, para tener mi familia, para estar feliz.
"Voy a buscar mi oportunidad y tal vez mi oportunidad esté en otro lugar. No creo que haya nadie en esta tierra que pueda obligarme a quedarme en un lugar"
Hablo por mucha gente que querría decir esto pero no pueden expresarlo. Si hablas con mi abuela, que tiene sus dos hijos en Tenerife, y le preguntas por qué emigraron a España, te dirá: uno, por el trabajo, dos, esta región de Sbouya no les dio objetivos para su vida, tres, ese lugar tiene una divisa más fuerte... un montón de cosas te dirá. Pero lo principal es que no hay trabajo. No hay trabajo. Eso es.
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Entrevista a Abderrahman Saika (I)

Abderrahman Saika nació en 1983 en Sbouya, donde viven sus padres y varios de sus hermanos (son ocho hijos). Tiene dos tíos en Tenerife desde hace unos diez años. Él estudia francés e inglés en la Universidad de Agadir gracias a una beca del Estado marroquí. — ¿Por qué crees que emigran los marroquíes? — Porque la gente tiene problemas para encontrar trabajo, es un problema financiero. No es un problema político, ni nada, es simplemente por la economía. La gente emigra hacia España porque quieren encontrar trabajo y vivir con seguridad. — ¿La gente no tiene ni siquiera para comer? –– No es que no tengan para comer, sino que no tienen para pagar cosas que son necesarias. Por ejemplo, para los niños hacen falta muchas cosas. No es solo comer. Para tenerlos en la escuela, por ejemplo... Hay que comprar cosas para la familia y lo que los que emigran quieren es no tener que estar pensando si van a llegar con el dinero para el mes. — No están seguros de cuánto van a tener cada mes... — Sí, cambia cada mes. A veces no tienen ningún ingreso en un mes. — ¿Y entonces cómo hacen? — Es gente que trabaja en cosas estacionales. Por ejemplo, en mi zona de Sbouya, hay muchos que trabajan en la recolección de tunos. Usan ese trabajo para hacer un poco de dinero y ahorran para el resto del año. Pero no es suficiente. — ¿Cuántas horas trabajan por día en la recolección de tunos? — Depende de cuántas cajas tengan para llenar. La mayoría empieza a trabajar por la mañana, porque es cuando menos pega el sol y porque es cuando menos se pican con los pinchos del tuno. Pero trabajan todo el día, desde las 5 de la mañana hasta la puesta del sol, puede ser. — ¿Y qué hacen cuando se ven sin ningún ingreso en Sbouya? — Se van a las ciudades, la gente de Sbouya se va a Guelmin o a Sidi Ifni. — ¿Dónde viven en la ciudad? — Algunos alquilan casa en los alrededores. Pero no son sitios para vivir. Los techos son muy frágiles y hay un montón de insectos. No es un sitio ni para animales. — ¿Y qué hacen para ganarse la vida en la ciudad? — Muchos tienen carritos con los que intentan vender lo que sea en las ciudades. Frutas, vegetales, lo que sea, para conseguir el dinero de un día de dinero y a veces ni eso.

Venta ambulante en el mercado de Guelmin — ¿Tienes idea de cuántas familias de Sbouya tienen relación con la emigración? — Creo que en cada familia hay al menos una persona que se fue a trabajar a España. — ¿Y a algún sitio de España más que a otro? — A las Islas Canarias, primero, porque son nuestras (risas). — En serio... — No, porque el clima es similar y porque es la única solución para llegar a la Unión Europea. — Pero podrían ir al Norte y llegar a Andalucía también — Sí, es posible, pero lo estamos reservando para la gente del Norte. — Así que es por solidaridad... — Sí, eso es, estamos compartiendo las salidas hacia tu país (risas).

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26 agosto 2005

Sidi Ifni

El pueblo principal de la región de Sbouya no debe de tener más de 40 casas, y si las tiene, no lo parece. No encontré un lugar donde quedarme ese día pero me hablaron de una casa que podía estar en alquiler en unos días.

RECUERDO ESPAÑOL. EDIFICIO DE CORREOS Y TELECOMUNICACIONES (Sidi Ifni o Santa Cruz de la Mar Pequeña fue parte del Africa Occidental española entre 1934 y 1969)

Iba a Sidi Ifni en busca de un hotel y terminé alojado en la casa de Mustapha, mi compañero de asiento en el autobús. Habíamos intercambiado tres o cuatro frases cuando le pregunté: -- ¿Conoce algún hotel barato en Sidi Ifni? -- ¿Un hotel? Quédate en mi casa. Me había inspirado confianza desde el principio. -- ¿Está seguro? -- Claro. -- Bueno. Gracias. -- Nada. En las dos noches que pasé en su casa, Mustapha se las arregló para tratarme como a un amigo de toda la vida y a la vez como a un invitado de honor. Me presentó a su hijo de cinco años y a su esposa. Me paseó por Sidi Ifni en compañía de un amigo, Abdehrraman, me presentó a cuanta persona relacionada con las Islas Canarias nos encontramos (algo bastante común, por otro lado), me llevó y me trajo al local de Internet, hizo de intérprete con mi futuro casero que vivía en Sidi Ifni, no me dejó pagar nada y, cuando por fin me fui de Sidi Ifni el viernes, envió a un familiar para que me recogiera en la parada de autobús de Sbouya.

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24 agosto 2005

Gente de campo

Han pasado unas cuantas cosas desde el té con Hussein o José pero no termino de poner al día la página de modo que he optado por resumir lo transcurrido desde entonces hasta hoy. Después del té con Hussein caminamos entre las chumberas hasta otra casa que según me dijo Abdú era de su familia, donde él había nacido. Una familia la cuidaba y explotaba las chumberas que le correspondían. La parte de la familia que yo conocí estaba compuesta por un hombre de un metro ochenta y cinco con piernas como palos, su esposa, envuelta en la ropa del Sahara, (telas ligeras y oscuras de la cabeza a los tobillos) y su hijo, recién licenciado de filología arábiga por la Universidad de Agadir. Cuando llegamos, el hombre hacía sus abluciones junto al pozo de la casa. Preparaba la oración de las 12, me informó Abdú. De la casa salió su esposa. Me habló en árabe como si fuera mi lengua materna, sonrió cuando vio que no entendía (a juzgar por las arrugas que vi formarse junto a sus ojos) y me peló un tuno tras otro que iba seleccionando de las chumberas. Entramos y Aziz (el hijo) me dijo en un francés pausado que había terminado filología un año antes pero que su único trabajo era en las chumberas, con la familia. Compartió conmigo su Harira (sopa de cereales con una gota de aceite de oliva) y los padres insistieron en que mojara pan en los cuencos de aceite y miel. Llegó la hora del almuerzo. La madre trajo un plato grande de arroz blanco, vertió los restos de miel y de aceite sobre él, y me dijo: "come, come, come" según la traducción al francés de Aziz. Y comí. Desde allí nos fuimos a la casa de la abuela de Abdú, que parecía estar esperándolo sentada a la sombra del muro. Dos niños salieron de la casa: los hermanos de Abdú. Uno de 15, que se sonrojaba, miraba al suelo y sonreía cuando yo lo descubría mirándome, y otro de 20, aún con el primer bigote sin afeitar. Me llevaron dentro y me hicieron sentar en una habitación pintada con dos grandes franjas horizontales: amarillo arriba y azul abajo. Otra combinación habitual es blanco y azul, siempre abajo. El blanco y el amarillo tienen la cualidad de reflejar la luz. El azul, la de no dejarse ensuciar tan fácilmente. Después de treinta minutos, apareció uno de los chicos con un tajine, que es el nombre del recipiente en el que se prepara y también de la comida (como ocurre con el mate en Argentina). De modo que tajine es esto: y lo que hay dentro también es tajine: El nuestro era de papas fritas, verduras, especias y, oculto bajo todo eso, el pollo. El hermano más joven de Abdú trajo un balde pequeño de plástico y una botella de agua y nos la echó en las manos para que las limpiáramos sobre el balde. Alguien dijo Ismilah (por su reproducción fonética, "en el nombre de Dios"), Abdú dividió los panes con forma de circunferencia y los repartió. Su hermano sirvió la Coca-Cola, acercamos nuestros cojines a la pequeña mesa redonda y ayudados de panes y dedos comimos tajine en el tajine. De allí nos fuimos al pueblo principal de Sbouya donde yo tenía planeado quedarme unas semanas para conocer la vida de una de las principales emisoras de marroquíes a las Islas Canarias. En el camino, vimos algunas casas en construcción. Abdú me dijo que eran de gente que vivía en España. También me enseñó el colegio:
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Té verde, pan y aceite de oliva

Tras diez minutos descargando los sacos en el patio interior de la casa de verano de Hussein (piensa quedarse en Sbouya tres meses, de vacaciones), Hussein, o José, que es como quiere que yo lo llame, nos pide a Abdu y a mí que nos sentemos en las dos sillas de plástico que hemos traído desde Guelmin. Estamos en una habitación sin ventanas, sin muebles ni adornos salvo las sillas y una fotografía de Mohammed V en la pared. Al cabo de un rato, Abdu y yo vemos aparecer a José con una bandeja en la que trae la tetera, los vasos, un manojo de hierbabuena, cuatro panes redondos y un plato pequeño y cóncavo con aceite de oliva. Abdu prepara el té. Abre una caja de Green Tea chino y deposita un puñado en la tetera. Mientras tanto, en el otro extremo de la habitación, José golpea con una piedra un cono blanco. La base tiene el diámetro de una palma de mano y no mide más de quince centimetros de altura. Abdu me explica que son dos kilos de azucar que José está fraccionando para el té. El aceite del plato lo tomamos empapando los panes.
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Sbouya

Sbouya es el nombre de una región de colinas entre Guelmin y Sidi Ifni que vive practicamente de una sola cosa: el fruto de las chumberas. Los nombres que se manejan en Canarias para ese fruto son tunos o higos picos. Aquí los llaman chombos o chumbos, cuando quieren llamarlos en español, y ekanari, cuando usan el nombre árabe. Me dicen que ekanari podría tener relación con las Islas Canarias.

El paisaje de ortigales, chumberas y algunas casas diseminadas es igual al que conocí en el sur de Tenerife, salvo por las mezquitas. Cerca de cada asentamiento de casas, hombres, mujeres y niños recogen el fruto en cajas con un número (que imagino será el código de cada agricultor) que se depositan junto al camino a la espera de que llegue el camión para recogerlos. Cuando escuchan el sonido del Land Rover se incorporan para saludarnos con la mano.

Aquí, en el campo, me he dado cuenta de la similitud entre el pañuelo con que muchas mujeres musulmanas cubren su cabello y el que utilizaban las mujeres campesinas canarias.

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Se va el caimán

No hemos salido de Guelmin y Abdu detiene el coche frente a una esquina. Él se baja y yo espero. No me queda otro remedio porque la puerta solo se abre por fuera. De la casa sale un señor de 80 años vestido con turbante y chilaba blanca que se agarra con las dos manos al cristal a medio bajar de mi puerta y me grita en un castellano perfecto:

-- Hola, ¿usted es de España? -- Sí, de las Islas Canarias. -- ¿Las Palmas? ¿Las Palmas? -- No, de Tenerife. -- Ah, Tenerife...-- y me sonríe con nostalgia.

Le pido que me abra la puerta. La abre y me pregunta:

-- ¿Quiere ir al retrete?

Pero solo quiero darle la mano. Me dice que aprendió el español porque él es muy viejo y porque trabajaba con los españoles, cuando Sidi Ifni y el Aaiun eran colonia española. Abre la puerta de su casa y lo veo a arrastrar sacos de un metro de alto llenos de trigo, de cous cous, de mantas... Abdu se sube al techo del Land Rover con una cuerda y aparece otra persona que le alcanza los sacos para acomodarlos en el techo. Dos mesas bajas y circulares, dos sillas de plástico, electrodomésticos, un horno, una gallina en una caja de cartón con un agujero delante, más sacos llenos de comida, dos esterillas enrolladas como columnas de 180 centímetros, un pequeño armario metálico, dos cubos de caucho llenos de calderos y muchas más cosas que no apunté, son izadas al Land Rover. Cuando terminamos la operación --y cuando yo estoy bien sentado delante, a la derecha de la palanca de cambios-- cuatro mujeres salen de la casa en silencio y ocupan los asientos laterales dispuestos en la parte de atrás del Land Rover.

Como después de unos minutos Abdu y Hussein (así se llama el anciano que habla español) aún no han entrado en el jeep, vuelvo a salir. Hussein saca del interior de la casa a una cabra que es seguida por su cría (baifo, para los entendidos) con la que se intercambia balidos de desesperación. Hussein, en cuclillas, le ata con un cordel de plástico verde las patas delanteras a diez centímetros una de la otra. La levanta en peso y la coloca entre las mujeres, hacia donde no me atrevo a mirar directamente. El baifo viene detrás.

En el trayecto de dos horas hacia Sbouya por un camino de tierra Hussein me cuenta que él trabajaba en Sidi Ifni con un señor de Las Palmas que tenía camiones y que se llamaba Carmelo. Que cuando era joven solo quería vivir y reír. Que iban a la playa y que cantaban "se va el caimán, se va el caimán, se va por la barranquera".

La cabra y el baifo que viajaron con nosotros.
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Le prix, le prix

Abdu y su Land Rover

A las seis de la mañana de hoy miércoles llegué a Guelmin. A esa hora, Hicham es el único empleado en el café restaurante frente a la parada de autobús. Debe de tener entre quince y dieciseis años. Cuando lo encuentro, barre y tira baldes de agua sobre el piso del café restaurante. Deja su trabajo para sentarse conmigo y explicarme cómo llegar a Sbouya. En petit taxi a la parada de Land Rover y que uno de ellos me lleve a Sbouya. Que no me cobre más de 20 dirhams (2 euros), insiste.

Se acercan a nosotros el empleado del café de al lado, de la misma edad de Hicham, un niño de unos diez años vestido con una camisa militar verde y un señor de unos cuarenta años. Atienden a la explicación de Hicham y discuten con él en árabe. Hicham me dice que él vive en Sbouya y que sabe cómo llegar, que siga sus indicaciones. Para terminar de tranquilizarme, en una hoja de mi cuaderno escribe una carta en árabe dirigida al conductor del Land Rover.

A las seis y treinta de la mañana, los conductores de Land Rover toman té en una cafetería frente a sus coches. Se pasan unos a otros la carta de Hicham y me saludan. Se decide que iré a Sbouya con Abdu. Tiene 30 años, habla un poco de francés y viene de la región de Sbouya aunque trabaja en Guelmin con su Land Rover.

Hemos recorrido cien metros cuando le pregunto en francés:

-- ¿Cuánto va a costar el viaje?

-- ¿Cómo?

-- El precio...

Me mira, sonríe, mira hacia delante y me vuelve a mirar murmurando "le prix, le prix...".

-- Son veinte dirhams.

-- Está bien-- le digo.

-- ¿Cómo?

-- Que me parece bien.

-- Ah.

Abdu me dice que hay otras personas que no lo hacen bien pero que él no es así.

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Un poco más al Sur

El martes fue día de viaje. El plan era llegar a Sbouya. Según los datos del consulado marroquí en Las Palmas, la región de Sbouya, junto con la de El Aaiun, Sidi Ifni, Guelmin y la provincia de Nador en el Norte, es la principal emisora de emigrantes marroquíes hacia las Islas Canarias.

Entre todas esas regiones, Sboya es la menos poblada aparentemente. Ni siquiera aparece en el mapa de carreteras de Michelín que compré en Tenerife. Sin embargo el número de marroquíes residentes en Canarias provenientes de Sboya es comparable al del resto de ciudades, que imagino mayores porque ellas sí figuran en el mapa. Se me ocurrió que la densidad de marroquíes de Sbouya emigrados a Canarias podía ser mayor que la de las otras ciudades y decidí viajar al pueblo para comprobarlo con los registros oficiales.

Sbouya no figura en el mapa pero sé que está en las proximidades de Guelmin. Así me dijeron en el consulado de Las Palmas. Compro un pasaje para salir de Rabat en tren hacia Marrakech (cuatro horas) donde confío en encontrar sitio para el autobús a Guelmin, ocho horas más al Sur.

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23 agosto 2005

Documentales marroquíes

Hoy lunes viajé en tren de Rabat a Casablanca para encontrarme con Salwa Jaafari, una periodista del canal de televisión marroquí TV2M. Salwa Me dio muy buenos contactos en el Aaiún y buscó en el archivo las cintas de dos programas que su cadena hizo sobre la emigración clandestina hacia Europa.

Uno de ellos es responsabilidad del director de informativos, Ben Jelloun, y es un acercamiento a la situación de los subsaharianos en la ciudad fronteriza con Argelia, Oujda, y en los bosques de Gourugu, en las proximidades de Melilla, donde al parecer, los subsaharianos se han organizado como comunidad, con jefe político, representantes, encargado de finanzas y de policía, entre otros. En Oujda, el periodista se detiene en la buena convivencia y solidaridad entre marroquíes y subsaharianos.

El segundo documental, presentado por Salwa, relata la odisea en patera del Sahara hacia Fuerteventura. La periodista pasa por las zonas donde se esconden los subsaharianos y donde construyen la patera, visita el centro de internamiento en El Aaiún donde son llevados tras su captura y comparte una batida con la gendarmería por el desierto. Salwa llega con su equipo a Fuerteventura, donde filman la llegada de una patera remolcada por la Guardia Civil a Puerto del Rosario y donde entrevista a subsaharianos que llevan más tiempo en la isla.

Los documentales, de una calidad excepcional, me hacen reflexionar sobre mi proyecto. Ha corrido mucha y muy buena tinta sobre el tema.

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22 agosto 2005

John, de Senegal

PASTOR SHINE, DE NIGERIA, O JOHN, DE SENEGAL, DE PASEO POR RABAT

Para hoy, el Pastor Shine me había prometido que acudiríamos juntos a su iglesia en el barrio de Takadoum, donde conocería a más inmigrantes subsaharianos. Cuando me encuentra en la salida de la iglesia metodista coreana me da un abrazo de veinte segundos: diez segundos al lado izquierdo y diez segundos al derecho. Parece tan sorprendido como alegre por verme. Me toma de la mano y me presenta a algunos amigos que también salen de la iglesia.

-- ¿Entraste en la iglesia?

-- Sí, los últimos veinte minutos.

-- ¿Te gustó?

-- Sí.

Salimos de la iglesia y no me atrevo a preguntar hacia dónde vamos. Después de cinco minutos caminando por un Rabat bastante vacío (son las diez y media del domingo) me dice que conoció a unas hermanas marroquíes que me van a hablar de la emigración hacia Europa.

-- ¿No tienes que dar la misa?, le pregunto.

-- No.

-- ¿Pero no hay misa todos los domingos?

-- Sí, pero hay otros pastores.

Vamos en guagua a Takadoum y nos sentamos en una cafetería dentro de un parque llamado "Mini Park". El Pastor Shine se acerca a la cabina para llamar a sus amigas marroquíes.

Cuando vuelve, me dice:

-- Yo no les dije que era de Nigeria.

-- ¿No?

-- No, les dije que era un estudiante de Senegal.

No le pregunto la razón porque imagino una posible respuesta: que Pastor Shine prefiera ser considerado como un estudiante con dinero antes que como un africano que vive en una habitación miserable de Rabat. Tras unos minutos de silencio, le pregunto:

-- ¿Y cómo les explicaste que no hablabas francés?

-- Les dije que me fui de Senegal muy joven a Ghana y que por eso perdí el francés.

Las chicas son dos hermanas de Fes sin relación con la emigración hacia Europa. Pasamos el domingo muy entretenido de paseo por los lugares turísticos de Rabat y de almuerzo en la medina. La más joven y Pastor Shine caminan agarrados de la mano. Ella y su hermana lo llaman John.

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21 agosto 2005

Cristianos en Rabat

En la Catedral de Rabat, unas 15 personas asisten a la misa católica de las 9 de la mañana. Además de tres jóvenes franceses con su padre y de dos ancianas aparentemente también francesas, el resto es población del Sur del Sahara. En la iglesia evangelica metodista coreana de la misma ciudad y a la misma hora: 200 personas. Son dos o tres familias coreanas, unos cinco estadounidenses. El resto también viene del sur del Sahara.

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Entrevista a Hicham Rachidi

-- ¿Qué hace AFVIC?

Nosotros trabajamos sobre varios ejes.

El primer eje es el apoyo a las víctimas de la inmigración clandestina: apoyo psicológico y apoyo en la recogida de información en el caso de dramas. Generalmente, las familias no tienen información y las autoridades no dan información.

Por ejemplo, en la tragedia de octubre de 2004, frente a las costas de Tunez, había 62 jóvenes de Khouribga que murieron allí tratando de llegar a la isla italiana de Lampedusa: durante diez días ningún órgano oficial sacó una lista de los muertos y en Tunez había 200 chicos del pueblo, no solo los 62, de modo que había 200 familias que pensaban que su niño podía estar muerto.

Por eso hacemos un trabajo de recolección de información en la fuente, a través de las organizaciones de defensa de los Derechos Humanos. Nos ayuda, por ejemplo, la Liga Tunecina de Derechos del Hombre. Ellos buscaron la lista de los muertos en la morgue.

También hacemos un trabajo de repatriación de los cadáveres y un trabajo de solidaridad con los subsaharianos que vienen a Marruecos para pasar a Europa y viven en condiciones alarmantes en los bosques de las proximidades de Ceuta y Mellilla, pero también en Rabat, Tanger, Fes, y en el sur, de donde llega una parte que viene desde Malí por Argelia. A ellos les damos comida y ropas y hemos creado una plataforma con organizaciones marroquíes, españolas y francesas sobre la protección de los derechos de los migrantes.

Por otro lado, estamos demandando a las autoridades publicas marroquíes y europeas que cambien el enfoque con que tratan hasta ahora la inmigración clandestina. Les decimos todo el tiempo que las tácticas de reforzar las medidas de seguridad contra la inmigración son estériles porque cuando cierras una forntera hay otra frontera que se abre y eso ha sido demostrado durante los ulitmos años con la instalación del SIVE en la zona de Tanger. Automáticamente hubo mas salidas de Larache y de Alhucemas y de Nador para evitar el Sive y además comenzó a haber más viajes hacia las Islas Canarias desde el Sáhara. Muchos subsharianos son encaminados desde Rabat hacia el Sur de Marruecos.

De hecho, hay una nueva evolución y son los grandes barcos que vienen de Liberia, de Costa de Marfil con inmigrantes a bordo que en las proximidades de Canarias bajan las pateras. Lo mismo que han conocido en Australia con la inmigración desde Indonesia. En los proximos meses vamos a ver cómo este nuevo tipo de inmigración se desarrolla de manera increíble.

 

-- ¿Qué tendría que hacer Europa?

Abrir un espacio de relización, de digniddad de los ciudadanos, de lucha contra la pobreza. Ese es nuestro discurso. La Unión Europea inyecta dinero para que Marruecos se convierta en su gendarme pero no se da cuenta de que no va a solucionar nada. La inmigración, igual que el terrorismo, tiene que ver con la pobreza. Lo unico que cambia es que en la inmigración, solo arriesga la vida la persona que viaja y en todo caso, su familia. En el terrorismo se arriesga la de todos.

Euopa, para empezar, debe asumir su responsabilidad en aquello que concierne a las personas que llegan a su territorio y dejar de acusar a los paises vecinos.

En segundo lugar, debe dejar de objetar la ayuda al desarrollo por cosas que no tienen nada que ver con la problemática del desarrollo y que tienen una finalidad pro-seguridad como está haciendo ahora.

Finalmente, Europa debe abstenirse de sostener a los gobiernos poco respetuosos con los derechos del hombre. De una manera o de otra, al apoyar la represión en materia de inmigración, los europeos estan posibilitando la trangresion de los Derechos Humanos porque las gentes son detenidas sin motivo, solo por la base del color, que es ya un acto condenable de racismo, solo porque la Unión Europea quiere que los países fronterizos se encarguen de parar la imigración

Uno de nuestros objetivos es informar a la opinion pública europea de todo esto, decirles a los ciudadanos europeos: mirad como el dinero de los contribuyentes europeos se está empleando para esta estructura de represión. Europa está corriendo un riesgo enorme de que su discruso de defensa de los Derechos Humanos no sea creible.

 

-- ¿Y qué crees que va a hacer Europa?

Mientras no haya reacciones de los ciudadanos y de las asociaciones activas en Europa, nada va a cambiar, porque la Unión Europea tiene el dinero para esta politica como lo prueba el programa Aneas para la inmigración, que ha sido dotado con 260 millones de euros que en nuestra opinión van a ser inyectados en la pro-seguridad.

 

-- ¿Y qué va a pasar entonces?

Que la situación sobre el terreno en los paises de salida va a continuar, porque van a seguir existiendo los gobiernos que transgreden los derechos fundamentales, y los ricos que son riquísimos y los pobres que son pobrísimos; que la corrupción va a continuar y las verdaderas causas de salida van a seguir desarrollándose continuar a desarrollarse y que en el año 2025 va a haber todavía mucha mas gente que querrá irse... jovenes, sobre todo, porque las mismas casuas van a continuar.

 

-- ¿Qué puede hacer AFVIC?

Nosotros, como asociación no pretendemos tener la solución llave en mano pero sí ver una evolución sobre el terreno. Nuestra mision es alertar de las consecuencias de esta situación sobre el terreno y eso intentamos hacer. Ahora, la gente que tiene el poder, tanto en los países del Sur como en Europa no escucha lo que decimos. Pero que en 2025, cuando vean a 100 mil persona por año llegar a Marruecos, que no nos digan que no estaban al corriente. Nosotros les estamos avisando desde ahora: están inyectando dinero en cosas que son esteriles. Por una vez hay que tener un enfoque radical, un enfoque sobre las causas y no sobre los efectos,

 

-- ¿Cómo se logrará eso?

Con la ayuda a los Gobiernos democraticamente establecidos, sosteniendo a las democracias. La solución a la pobreza es la libertad, para parar este drama. Yo soy muy optimista porque hasta ahora no hemos visto que nada se desarrolle en este sentido.

Por ahora, parece que Europa va a poner vallas en todo su territorio. Va a poner presión para que nosotros nos

convirtamos en prisiones. Europa debe ser un vector de desarrollo, un sostén al desarrollo de la libertad y la democracia en su espacio estratégico próximo y estamos viendo lo contrario.

 

-- ¿Por qué crees que la UE actúa de ese modo?

Porque responde a una presión cada vez mas pesada de la opinión pública de la gente que vota a la derecha. Se han dado cuenta de que hay una opinión pública que por unas razones u otras rechaza al que es diferente. También es verdad que hay un problema de terrorismo desarrollándose en la UE. Y de cualquier modo, es su derecho, yo no voy a venir a decir qué es lo que tienen que hacer, pero yo querría que fueran coherentes con el discurso: desde el momento en que erigimos unos derechos en fundamentales del hombre hay que respetarlos, en Europa o fuera de Europa.

 

-- ¿Ha cambiado la perspectiva marroquí ante la emigración?

Antes los franceses venían a buscar a los marroquíes aquí. Mucha gente de Marruecos se veía de repente en Francia sin haberlo planeado. Llegaban los franceses a emplearlos para la reconstrucción de Europa durante el Plan Marshall.

Entonces lo único que hacía falta era tener los dientes sanos, las manos sanas, les ponían un sello (que se borraba) en el brazo que quería decir algo así como "este pasa". Pero en esa época la gente no soñaba con eso.

 

-- ¿Y ahora por qué viajan los marroquíes?

Ahora, además de las causas objetivas, existe el imaginario de que Europa está mejor. Cada verano, cuando los marroquíes residentes en el extranjero llegan con los coches, los símbolos de riqueza, la ropa, la forma de comportarse... Eso influye mucho. No hay más que ver que las tragedias de las pateras son siempre después del verano, la de octubre de 2004, la de octubre de 2003... Pero la asociación (AFVIC) no puede luchar contra esto, que es realidad. En comparación con estos signos de riqueza, el nuestro es un discurso filosófico.

 

-- ¿Cómo entran los marroquíes en Europa?

La primera causa de inmigracion en Europa de los marroquíes es la legal, con visa de turista, demostrando que se tiene un ingreso mínimo y que no se tienen intenciones de quedarse en el país.

 

-- En España, ¿crees que el marroquí es percibido de manera diferente en España al resto de inmigrantes?

Todos nos acordamos de El Ejido, en Almería. Había españoles, que afortunadamente no son represtentaivos de la opinión publica española, que han salido con palos para cazar al moro. ¿Hemos visto alguna manifestación similar con los de los países del Este que son mayoritarios en Almeria? Por que se trata de forma diferente a diferentes extranjeros, ¿son todos extranjeros, polacos, húngaros o marroquíes? Para mí está claro, y es porque hay un problema de relación con el otro: el marroquí tiene una religión diferente, una fisonomía diferente y un comportamiento cultural y social diferente. No queremos a alguien que no se nos parece, es evidente.

 

-- ¿Y eso cómo se cambia?

Es un trabajo de puesta al corriente, de reflexión, de abrirse al otro y eso lleva tiempo. Para que alguien cambie su posición lleva mucho tiempo. Notablemente cuando se trata de un grupo entero.

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20 agosto 2005

¿Quién es Hicham Rachidi?

Hicham Rachidi es de los que prefieren conocer al periodista y ya veremos lo de la grabadora. También es de los que, una vez en confianza, no se callan. En 2001, estaba entre los seis marroquíes que fundaron AFVIC (Association Amis et Familles des Victimes de l'Immigration Clandestine), con la intención de ayudar a los afectados por la inmigración clandestina desde Marruecos a Europa. Hicham es de Khouribga, una de las ciudades que junto con Beni Mellal y Kelaa der Sragna, sufre la mayoría de las tragedias. Según Hicham, algo así como el 80% de los cadáveres de las pateras viene de esa zona. En su opinión, esto se explica en que el triángulo Khouribga, Beni Mellal, Sragna es una de las zonas más pobres del país. Sus habitantes no pueden permitirse los otros métodos de entrada en España: el de conseguir papeles falsos o el del vía-vía, que consiste en quedarse en un aeropuerto europeo durante la escala hacia algún otro país que no solicita visa a los marroquíes. Hicham Rachidi se sienta un poco inclinado hacia delante. Expulsa el humo de su cigarro hacia un lado para no molestar al interlocutor. Tiene 33 años, se licenció en Derecho Público en 1996 y desde septiembre de 2003 dedica todo su tiempo a la dirección ejecutiva de AFVIC. La asociación se sostiene con el trabajo de cinco asalariados, treinta voluntarios y el dinero de organizaciones de Derechos Humanos en Francia e Italia.
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Una película nigeriana

Osas vive en la tercera y última planta de una casa del barrio de Camera. Es nigeriana y esposa de un nigeriano amigo de Pastor Shine. Tiene una hija de entre dos y tres años y un hijo de aproximadamente un año. Su casa es una habitación en la terraza con espacio para un colchón de dos por dos metros y un fregadero con un poyo al lado que hace las veces de estantería para la televisión y el casette-dvd. Bajo el poyo, una maleta. Sobre la televisión, la bandera de Nigeria y un adorno de madera con la frase "Dios es bueno" en inglés. En la pared, también en inglés, "Seamos agradecidos porque Dios nos cuida". El techo es una chapa de uralita.

Los niños de Osas juegan con los hijos de la vecina marroquí que les prepara el Cous-Cous con verduras hasta que Osas decide bañarlos. Fuera hay una palangana en la que Osas los enjuaga y enjabona. Cuando termina de enjabonarlos deja que se sequen solos y los niños siguen jugando con la cara y los hombros enjabonados y secos.

Osas viste a la niña con camisa y pantalón y al niño solo con camisa. Restregando con la tela de la camisa recién puesta, les quita el jabón de la cara. Destapa el plato de Cous-Cous que trajo la vecina y nos ofrece. Pastor Shine y yo le agradecemos y le decimos que no queremos. Entonces Osas se sienta en un lado de la cama y grita el nombre del niño que ha salido a la terraza. Como no aparece, la hermana mayor sale a buscarlo y vuelve con él. Osas y la niña tienen su propia cuchara. El niño come de la cuchara de su madre. Los tres del mismo plato.

Mientras ellos comen Pastor Shine y yo vemos una película nigeriana que Osas ha puesto en el dvd para nosotros. Trata de una familia dividida a causa de una herencia. Para mostrar la felicidad de los familiares beneficiados con el primer reparto, el guionista los ha hecho conducir un coche japonés y gastar un gran fajo de billetes (que también es filmado) en una tienda de ropa. El deseo de venganza de los familiares perjudicados en la herencia los lleva a contratar los servicios de un mago que mata y ciega a los primeros valiéndose del vudú. Ahí dejamos la película pero Pastor Shine, que ya la ha visto, me dice que al final, el cegado recupera la vista y el muerto, la vida.

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Los pastores

Después de Takadoum, caminamos por Youssoufia y vemos a algunos subsaharianos pero menos que en Takadoum. Pastor Shine identifica de qué país viene cada uno por la forma de caminar y por la ropa. Le pregunto por los que vamos encontrando y él parece muy seguro de sus respuestas. Según él, nos cruzamos con gente de Malí, Ghana, Senegal y Nigeria

Subimos en otro autobús que nos lleva a Camera. Bajamos en una plaza donde me dice que muchos subsaharianos vienen a "relajarse". Son las doce del mediodía y veo a cuatro grupos, de tres o cuatro personas cada uno.

En Camera encontramos a Henry. Lleva gafas de sol, pantalones vaqueros, camiseta amarilla ajustada y zapatillas de deporte. También es nigeriano, también es pastor y su casa es, además de casa, iglesia. Es la casa más limpia que he visto hasta ahora. Nos sentamos en un salón cubierto de esterillas en el que una televisión emite una final de billar o de pool (nunca supe la diferencia) desde Irlanda.

Henry manda a un hombre alto vestido con una túnica como la de los marroquíes a comprar un refresco, ¿Fanta?, me pregunta. Sí, claro, le digo. Luego me entero de que el hombre alto también es nigeriano y de que trabaja como el guardian de la iglesia.

Henry se quita las gafas de sol y descubro que tiene los ojos azules. Cuando le pregunto me explica que su padre y su madre vivían en Nigeria en la casa de un inglés y que probablemente durante el embarazo, a su madre se le pegó algo del inglés.

- Algo bueno se me tenía que pegar- dice y Pastor Shine se echa a reír con él. No termino de comprender si están bromeando o no.

Según dice, la policía marroquí lo ha tomado muchas veces por un nacional. Él les enseña el pasaporte para que se convenzan.

- Eres bienvenido en esta casa.

Me lo dice tres veces en un intervalo de no más de cinco minutos.

Cuando llega la Fanta con sabor a naranja, Pastor Shine agacha la cabeza y reza en acción de gracias. Henry y yo lo secundamos. El guardián de la iglesia trae unos cazos metálicos recién enjuagados. Me alcanzan la botella así que sirvo la Fanta. Henry me dice que tiene familia en Europa.

- ¿Y hablas con ellos?- le pregunto.

- Sí, claro.

- ¿Y qué te dicen?

- De todo.

- ¿Se quejan?

- ¿Que si se quejan? Siempre se están quejando...

- ¿De qué se quejan?

- De todo, siempre se están quejando, que si no hay trabajo, que si la policía los persigue, que si está difícil... Pero yo tengo que ir a verlo, no me importa que se quejen, yo tengo que ir a verlo.

Entonces se detiene un momento para preguntarme:

- Antes de venir a Marruecos, ¿tú sabías algo de Marruecos?

- No mucho.

- ¿Y qué te decía la gente?

- De todo.

- ¿Y es así?

- No.

- Pues eso. Yo tengo que ir y ver yo con mis ojos.

Unos minutos después llega el pastor Francois, de Congo Brazaville. Tiene su propia iglesia. Después llega el pastor Robinson, de Nigeria, del grupo de Pastor Shine y el pastor Henry. Tanto Henry como Robinson hablan francés porque vivieron en Costa de Marfil. Como Robinson llegó más tarde no sabe quién es Francois, así que le pregunta.

- ¿Cómo te llamas?

- Pastor Francois por la gracia de Dios.

- Eres bienvenido Pastor Francois.

- Gracias.

- Eres bienvenido.

- Gracias.

A lo que entonces el pastor Henry añadió:

- Eres bienvenido en esta casa.

- Gracias.

Tras un breve silencio, el pastor Francois le hace la misma pregunta al pastor Robinson:

- Pastor Robinson, por la gracia de Dios.

El pastor Robinson viste un traje gris con chaleco y lleva un maletín rígido. La sonrisa no se aparta de su cara.

Llega una nigeriana de unos veinte años, con diez kilos de más sobre el estandar actual de belleza y con el pelo peinado en trenzas finas. Le entrega a Henry un paquete del tamaño de un estuche de reloj envuelto en papel de regalo. Él le da las gracias, lo lleva a otro cuarto sin abrirlo y vuelve enseguida con nosotros.

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Peluquería de esponja y máquina

Pastor Shine me presenta a dos nigerianos altos y delgados apoyados contra una pared de Takadoume. "Un amigo español", les dice y los nigerianos me vuelven a dar la mano. Pastor Shine me cuenta que muchos nigerianos sobreviven en Marruecos con lo que les manda la familia que ya está en Europa. Él tiene primos allí pero nunca le han mandado nada. Pastor Shine vive de las ayudas de sus feligreses y de lo que algunos organismos de beneficiencia le pueden dar. Pasamos por una esquina en la que un subsahariano cose zapatos para los marroquíes sentado en cuclillas. Pastor Shine me dice que es de Ghana. Por lo visto, la gente de Ghana suele ganarse la vida así. Muchos nigerianos que no tienen familia en Europa compran una máquina para cortar el pelo y se convierten en barberos para subsaharianos. Necesitan un enchufe, un espejo, un taburete de plástico y una esponja para recoger los pelos que se quedan adheridos a la cabeza. Lo normal es que sus clientes acudan a ellos una vez por semana. Friday es nigeriano y amigo de Pastor Shine. Está pelando en la calle a un senegalés canoso ayudado de una esponja negra. El senegalés sostiene el espejo. Friday le pregunta a Pastor Shine si yo soy cristiano. Cuando le responde que sí, Friday me pide una Biblia. No tengo pero sí la imagen de un Cristo ortodoxo que empleo como marcador. Se la regalo. No parece muy convencido. El senegalés se queja de que no le hacen caso y Friday vuelve a su trabajo. Frente al puestito de Friday hay un pequeño establecimiento pintado de azul de dos metros de ancho por tres de largo. Es la peluquería de Chus, otro nigeriano que hasta hace unos días cortaba el pelo en la calle. Aquí sí hay espejos colgados, dos máquinas de rapar (no hacen falta tijeras), tres esponjas negras y un lavabo para que los clientes se quiten los pelos que quedaron pegados al cuerpo. Chus nos pregunta si queremos un refresco. Saco unas monedas del bolsillo pero Chus se niega y sale a comprarlo en la tienda de enfrente. Pastor Shine me indica que me siente en la tabla colocada sobre dos bloques donde esperan los clientes. Chus regresa con un litro de refresco con sabor a manzana y el precio puesto en la etiqueta: 5 dirhams (50 céntimos de euro). Mientras bebemos, el empleado (Chus tiene un ayudante) le pide permiso para comprar algo para el almuerzo. Regresa con un pan y con un yogur y almuerza junto a nosotros. Chus me dice que se va a ir a España, que lo único que lo retiene es el dinero, que si no, ya estaría allí. Llegó a Marruecos en 2001 pero él sabe que va a llegar a España con la ayuda de Dios todopoderoso. Cuando le pregunto a Pastor Shine cómo es que a Chus no le han cerrado la peluquería, me responde "por la gracia de Dios". Me dice Pastor Shine que del país no los pueden echar desde la llegada del ACNUR hace unos años, que dotó a todos los subsaharianos de una identificación como refugiados. Chus sabe que en España existen los centros de internamiento. Aquí los llaman "los campos". Sabe que la policía española intercepta a la mayoría de las pateras y que en los campos los entrevistan para tratar de determinar de qué país vienen. Sabe que es inútil mentir porque en esas entrevistas les hacen preguntas clave sobre el país al que dicen pertenecer. Cree que si solo los ciudadanos de Senegal y de Nigeria son devueltos a sus países es por culpa de sus propios gobiernos que exigen su repatriación. Aparentemente no sabe que la repatriación se puede producir gracias a un convenio de extradición cuyo principal impulsor ha sido el país europeo. Chus me pregunta: - Pero por ejemplo, si yo llego a España y te llamo, ¿tú me atiendes? - Sí. Pastor Shine se levanta y me dice que es hora de que nos vayamos. Chus me pide mi número teléfono español y se lo doy. Pastor Shine insiste en que nos vayamos y nos vamos. Diez minutos después, hemos hablado de otras cosas, Pastor Shine me pregunta por qué le di el numero de teléfono. - Por tu propia seguridad, te dije antes que no debes dar ningún dato. Yo conozco mi cultura. La próxima vez, di que para localizarte lo pueden hacer por mí.
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19 agosto 2005

Pastor Shine

Hoy pasé el día con Pastor Shine (Shine es un nombre ficticio). Nos encontramos a las 10 de la mañana frente a una iglesia de Rabat Centre Ville y de allí buscamos el autobús que nos llevaría a Takadoume. Cama de Pastor Shine (él dice que su ropa no es la adecuada para que le saque una foto) Takadoume es, junto con G5, Camera y Yususofia, de los barrios que mayor población subsahariana concentra en Rabat. Pastor Shine (así es como él se presenta, como si el título fuera parte del nombre) nació en 1976 en una familia cristiana de Nigeria. Hijo de granjeros, aprendió a hacer muebles antes de comenzar los estudios en el seminario local que interrumpió para predicar la palabra de Dios. Primero en Libia, adonde llegó a mediados de 2001 con el dinero que le proporcionó su padre, y luego en Marruecos, donde vive desde el 13 de diciembre de 2002 después de una travesía en jeep por el desierto. La foto del carné que la delegación del ACNUR en Rabat le hizo es la de un Pastor Shine con al menos diez kilos más de peso del Pastor Shine de hoy. Él explica su delgadez por los ayunos voluntarios que practica en ofrenda por la conversión de los musulmanes al cristianismo. Pastor Shine viste pantalones de traje, camisa de rayas y corbata a juego. Toda la ropa está impecable. En su mano derecha, un maletín negro rígido del que de vez en cuando saca un pañuelo con el que seca el sudor de su frente. Se afeita el pelo de la cabeza casi al rape y usa gafas de montura plateada aseguradas con un cordón tras la cabeza. Las necesita desde que hace dos años unos marroquíes que lo amenazaban con un puñal para que les entregara su dinero. La resistencia le costó la visión del ojo izquierdo. Su casa está a dos minutos de marcha de la calle principal de Takadoume. Aunque parece un barrio nuevo, la construcción ha seguido el patrón de la medina, estrechos pasillos entre los edificios de dos o tres plantas para preservar la sombra. Paga 400 dirhams mensuales (unos 40 euros) por una habitación (ver foto) de 14 metros cuadrados que comparte con otro nigeriano. Espacio para los dos colchones, la cocinilla de gas y unos cuatro metros cuadrados libres. La habitación es la tercera y última de la planta baja. Con las otras dos habitaciones comparte un baño bajo las escaleras de 70 centímetros de ancho por 150 de largo y techo abuhardillado (sigue la forma de la escalera). El baño es un agujero en el suelo para aliviarse y un grifo colocado a 15 centímetros de altura, o sea, pegado al suelo. En combinación con media garrafa de agua vacía ese grifo hace las veces de ducha. "El señor es mi pastor en la casa" Es el mensaje que Pastor Shine escribió con letras azules y verdes en un papel situado a la altura de los ojos sobre la pared que enfrenta la puerta de entrada. Su cama es el colchón de la izquierda. En la cabecera, la foto de su sobrino de seis meses. Nació en Casablanca, donde el hermano de Pastor Shine vive desde hace poco más de un año con su esposa nigeriana (en Nigeria tiene otros dos hermanos varones y tres hermanas). Junto a él, un certificado del seminario nigeriano donde Pastor Shine dice que cursaba estudios cuando partió hacia Libia. En el certificado se ven los rastros de la tachadura de un nombre sobre los que él ha escrito el nombre con el que se presenta ahora. Junto al certificado, un recorte escrito en inglés a máquina que recuerda cómo Jesús fue crucificado por él, y explica que por eso él va a entregar su vida por Jesús. Bajo el recorte, la foto de dos amigos de Pastor Shine que, según me cuenta, acaban de ser deportados de España de vuelta a Nigeria. En la pared a la derecha de la cabecera, un poster turístico de Sudáfrica enviado por un amigo y la publicidad de una academía de idiomas de Rabat. En el suelo, dos biblias. Su compañero, que no está, dejó una biblia abierta y subrayada sobre la cama.
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Viaje a Casablanca: Mohammed

Empiezo con Casablanca, que fue el viaje de ayer jueves, antes de que lo olvide por completo. Durante nuestro encuentro del miércoles, la pareja de occidentales de cuyo nombre no debo acordarme en público me había invitado a reunirme con ellos en Casablanca al día siguiente, es decir, ayer jueves. Creían que sería una buena oportunidad para que yo conociera a un tal William de no sé qué país del África Subsahariana que tenía una historia interesante que contar. Llegué a Casablanca en tren, acompañado de mi compañero de sillón en el tren, Mohammed, un natural de Rabat, más negro que blanco, bigote, treinta años, metro sesenta y cinco, gorra de beisbol y periódico en árabe cuidadosamente plegado. MOHAMMED Mohammed está casado, tiene dos niños pequeños y planes de viajar a Europa. Ahora trabaja en la construcción pero cree que su futuro no está en Marruecos sino en Suiza, con un hermano futbolista que se casó con una francesa y se afincó en ese país. Mohammed sabe que las relaciones entre las personas de Europa son muy diferentes a como son en Marruecos. También sabe que es un país limpio y que hay mucha desconfianza contra los musulmanes por culpa del terrorismo. Pero él no tiene nada que ver con eso, dice. "Aquí no hay trabajo" Mohammed quiere saber si soy cristiano. Le respondo: sí. Él, musulman. Somos hermanos, me dice. Mohammed le pregunta al revisor la hora de llegada y el itinerario del tren. No es como él pensaba. Por lo visto no le va a dar tiempo de acercarse hasta el aeropuerto para programar su viaje a Europa, que era su propósito inicial, así que lo que va a hacer es pasear una hora por Casablanca y regresar a Rabat, donde tiene trabajo que hacer esta tarde (entre Rabat y Casablanca hay una hora de distancia en tren). Desembarcamos y Mohammed se ofrece a acompañarme. Pregunta la dirección que le doy a unos taxistas de la estación y comenzamos el paseo. Después de cien metros, pregunta de nuevo y las nuevas indicaciones no coinciden con las anteriores. Yo confío en la sabiduría de los taxistas pero Mohammed sugiere que lo mejor es que contrate un taxi. Me rindo. Paro al primero y Mohammed le indica en árabe. Voy a despedirme de Mohammed cuando me doy cuenta de que ha decidido acompañarme también en el taxi. Supongo que si hay algún occidental (como yo también lo soy) al otro lado de la pantalla leyendo esto, estará pensando que Mohammed quería aprovecharse de mí de alguna manera. Pero no era así. Sencillamente estaba siendo hospitalario. Yo era un extranjero en su país, un invitado en su casa. Solo me dejó cuando se aseguró de que había encontrado mi destino.
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18 agosto 2005

Se dice en Rabat

Se dice en Rabat que un tercio de los subsaharianos que se van de casa con destino Europa muere de hambre o de sed en el paso del desierto del Sahara. Se dice también que una vez llegan a los peores barrios de Rabat conviven en habitaciones ínfimas hasta treinta personas a cambio de 400 dirhams por habitación y mes (unos 40 euros). Se dice en Rabat que como los subsaharianos no están autorizados a trabajar en el país —igual que ocurrirá cuando lleguen a Europa—, en cuanto pasan las dos o tres semanas que dura el dinero reunido con el esfuerzo de varias familias de la aldea, se ven obligados a vivir en:

“la miseria absoluta, en el infierno”.

Eso se dice en Rabat. Ni el paso del Atlántico ni el del Mediterráneo son fáciles como tampoco lo es el regreso a casa. Nadie quiere formar parte del próximo treinta y tres por ciento que morirá en la travesía del desierto. Y menos para regresar con la derrota. Creían que Marruecos sería un puro trámite de dos, de tres días... el último salto y ya estaban en Europa. Después de todo, 13 kilómetros de Estrecho no son nada en comparación con un desierto. Algunos llevan hasta cinco años en la miseria en Marruecos. Algunas se quedan embarazadas con la esperanza de que de ese modo la Guardia Civil y la Policía Nacional en España les tratarán con más miramientos. Eso se dice en Rabat. Se dice en Rabat que la única forma que tienen de sobrevivir es la caridad de los marroquíes, que les pagan por barrer frente a su tienda, por transportar unas cajas o sencillamente porque sí. Cuando hay batida de la policía marroquí son llevados ante un juez y ellos mismos firman su orden de expulsión escrita en árabe. Se dice en Rabat que la noche en que la policía los devuelve a Argelia suele coincidir con la noche en que ellos regresan a Marrucos.

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Amamos África, amamos a los africanos

Él y ella me dicen que puedo grabarlos pero tras los primeros segundos de obligado nerviosismo él y ella me insinuan que tal vez fuera mejor si a mí me alcanzaba con las notas en el cuaderno. Él y ella no quieren protagonismo. Conocen bien el continente africano. En los años ochenta llegaron desde su país occidental al África negra por primera vez. Tras nueve años en proyectos de ayuda decidieron que había llegado el momento de regresar al hogar en Occidente. Pero hace tres años vieron la oportunidad de regresar a África, a Marruecos y no la dejaron pasar. Desde hace aproximadamente doce meses, él y ella dedican su vida al bienestar de los subsaharianos que viven en el país. Como la gente de Cáritas Rabat, ayudan con las medicinas ordinarias. Como ellos solos, buscan comida, ropa y en casos excepcionales, hasta el refugio de un techo durante un mes Además de los migrantes que pasan por Marruecos antes de entrar en Europa, se encuentran con muchos estudiantes que han visto como sus planes de terminar los estudios en Marruecos se derrumbaban cuando sus familias dejaron de enviarles dinero porque estalló una guerra en su país. A estos estudiantes convertidos en mendigos y a los migrantes convertidos en residentes a su pesar él y ella les animan a que resuelvan su situación con pequeñas ocupaciones. El que en su país era peluquero, le animan a que siga ejerciendo su profesión en Marruecos entre la comunidad subsahariana. Si era costurera, están dispuestos a ayudar con la máquina de coser a cambio de que el beneficiado tome un aprendiz a su cargo. - ¿Por qué hacen esto? Responde él: - Amamos a las personas, amamos África y amamos a los africanos.
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17 agosto 2005

El Sur y el Norte del Sahara

El padre Piere Jault cita un estudio de los academicos marroquies Claire Escoffier y Mehdi Lahlou que cifra en 30 mil el numero de inmigrantes subsaharianos en Marruecos. Menos de los 45 mil que se dice viven en Argelia y mucho menos del millón que se cree hay en Libia. Las razones de esta disparidad hay que buscarlas en las posibilidades de trabajo, que gracias al petroleo son mayores en Argelia y en Libia que en Marruecos. Según Piere Jault, entre los inmigrantes hay sobre todo las víctimas de guerra. Antes era Sierra Leona y Liberia, ahora, Costa de Marfil. Mucho antes habia sido Zaire.
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Un Padre Blanco

Pere Piere Jault es un padre blanco, es decir, un sacerdote católico que entendió que su vocación era ser misionero en África y se alistó en la orden los Padres Blancos. Lleva en el continente desde los 27 años. Primero Argelia, luego Ruanda y desde hace mas de tres años, Rabat, donde dirige la delegacion de Caritas de la ciudad. Piere Jault debio de ser periodista en su anterior vida. Lo primero que hace es regalarme unas cuantas manías personales para describirlo: lee en voz alta el correo electrónico que escribe preguntándose y preguntándome si la fórmula de despedida a emplear es "afectuosamente" o alguna otra, suda como si fuera su primer día en África y se sorprende por la aparición de un telefono movil sobre su mesa cuya propiedad me atribuye hasta que tras unos segundos de observación reconoce como suyo. Lo segundo que hace, en cuanto termina de leer en voz alta su correo, es llenarme la libreta de contactos. Me pasa a la representante en Rabat del CIMAD, que según Piere es algo así como la Caritas de la Iglesia Protestante. Me pasa a la gente de AFVIC (Association des familles des victimes de l’immigration clandestine) y les deja un mensaje en el contestador. Me pasa a un profesor universitario marroquí especialista en el tema. Me pasa a la gente de una organizacion no gubernamental que trabaja con los inmigrantes y me pasa a la Iglesia Evangelica de Marruecos en Casablanca. Lo tercero que hace es entrevistarse a sí mismo contándome el trabajo de Caritas Rabat en relación con las migraciones: Ocuparse de los migrantes subsaharianos en la ciudad de Rabat con el trabajo de voluntarios europeos. El padre insiste en resumirlo en dos partes: 1) Escuchar los problemas. 2) Tratar de resolver esos problemas. Algunas de las soluciones con que se enfrentan a los problemas: Comprar a menor precio los medicamentos para enfermedades ordinarias, formar a los migrantes sobre el Sida valiendose de otros subsaharianos que tienen en regla sus papeles de residencia en Marruecos (principalmente estudiantes), ayudarles a hacer prácticas de informática o proporcionar un pasaje de regreso a los que quieren retornar a su pais, aunque esto último no es tan comun:
"hasta ahora no hemos encontrado nunca a ninguno que quiera regresar a su pais" Lo que sí se han encontrado es gente que trata de revender el pasaje que Caritas le consigue, así que ahora toman todas las precauciones. Por último, se preocupan porque los hijos de los migrantes subsaharianos nacidos en Marruecos sean inscritos en el registro civil, ayudan a la alfabetizacion de los niños y organizan charlas informales en las que las madres de estos niños hablan sobre la forma de encontrar trabajo, de educar a sus hijos...
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